Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

3.

Las guerras modernas han diezmado a muchos países; pero cada una de ellas han engendrado millones de burócratas. Engordan con la escasez y prosperan en los momentos de crisis. La paz jamás puede ofrecerles tantas oportunidades de ejercer sus pequeñas tiranías, de utilizar el papeleo para regimentar al individuo y de amargar la vida de sus semejantes. Ninguna guerra fue ganada por funcionarios; varias estuvieron a punto de ser perdidas por ellos.

Uno de los más valiosos ejemplares de mi colección de tonterías burocráticas data de la Primera Guerra Mundial, y es francés. El fonctionnaire francés ha sido inmortalizado y crucificado por muchas plumas brillantes, desde Rabelais a Moliére y de Balzac a Tristan Bernard; pero ninguno de ellos inventó tan maravilloso monumento al burocratismo como el que me comunicó el venerable Charles Humbert, ex senador por el departamento de Meuse.

El asunto comenzó el 14 de noviembre de 1915, cuando el ministro de Guerra dirigió una carta al comandante en jefe. El gobierno había ordenado la formación de un censo de todos los obreros metalúrgicos y afines que prestaban servicio en el ejército. Sin embargo, uno de los regimientos de infantería territorial resistió la medida y prohibió a sus hombres que inscribieran sus nombres… probablemente porque el comandante de la unidad temía perder algunos de sus hombres en beneficio de la industria de municiones.

La carta del ministro, debidamente firmada por el subsecretario de Estado, fue recibida al día siguiente por la Primera Sección del Comandante en Jefe en Remiremont. Fue enviada al Estado Mayor general del Séptimo Ejército, en Belfort, el 17 de noviembre, y remitida al día siguiente al comandante general de la Undécima División. En el trayecto el documento había adquirido cinco sellos y once firmas (todo ello, en el curso de tres días). El general pasó la carta al Deuxieme Bureau, la sección de inteligencia de la división. Allí descansó cuatro días, durante los cuales, evidentemente, se reflexionó profundamente sobre el candidato a chivo emisario. Finalmente, el 23 de noviembre, se eligió para ese papel al coronel jefe del regimiento territorial. El 29 de noviembre el coronel envió una respuesta en la cual, con contenida cólera, señalaba que en su regimiento se había preparado la nómina de trabajadores metalúrgicos tres meses antes, y que, por consiguiente, el ministro de Guerra no podía acusarlo a él de insubordinación.