Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

4.

Si el alquimista podía preparar en sus alambiques y retortas una poción capaz de crear la eterna juventud- es decir, si era capaz de vencer a la muerte- ¿por qué no habría de alcanzar el éxito en el otro extremo de la línea vital, allí donde se dibuja ante nosotros el eterno interrogante del nacimiento? ¿Por qué, razonaban los incorregibles soñadores, no podíase crear vida artificialmente?

El homunculus , el ser humano creado por el hombre, comenzó con Paracelso a rondar las cuevas de los alquimistas. Hasta entonces sólo existían vagas concepciones. Paracelso suministró las primeras instrucciones detalladas sobre el método a seguir. Este hombre fabuloso, en cuyo cerebro pareciera que se hubiesen combinado una docena de formas intelectuales- que fue ora médico de éxito, ora charlatán, ora brillante inventor, o confuso adepto de las ciencias ocultas- resumió en su obra De natura rerum los conocimientos de la época sobre el homunculus:

“Se ha discutido mucho si la naturaleza y la ciencia nos han dado los medios de crear un ser humano sin ayuda de mujer. En mi opinión, es empresa perfectamente posible y que no contradice las leyes naturales. He aquí cómo debe procederse: colóquese buena cantidad de simiente humana en un alambique. Una vez sellado éste, se lo mantendrá durante cuarenta días a una temperatura igual a la temperatura interior del caballo” (es decir, debía enterrarse el alambique en estiércol de caballo) “hasta que empiece a fomentar, a vivir y a moverse. En ese punto ya tendrá forma humana, pero será transparente e insustancial. Durante otras cuarenta semanas deberá ser alimentada cuidadosamente con sangre humana y mantenida en el mismo lugar cálido, y al cabo de ese período se tendrá un niño vivo y auténtico, como el que nace de mujer, pero mucho más pequeño. Es lo que denominamos homunculus. Debe ser atendido con cuidado y diligencia, hasta que crezca lo suficiente, y comience a mostrar indicios de inteligencia.”

El resto se halla envuelto en la bruma característica de Paracelso. Pero en definitiva resulta que el homunculus debe ser considerado una criatura útil; pues como debe su existencia al saber científico, todo lo conoce sin necesidad de educación, está familiarizado con los más recónditos secretos de la Naturaleza, y puede ayudar a sus amos en la realización de hazañas portentosas.

El gran charlatán sin duda estaba satisfecho con su propia erudición, y no necesitaba la ayuda de estos muñecos artificiales, pues los biógrafos no señalan la presencia de un homúnculo entre los miembros de su familia. Los alquimistas que le siguieron tampoco aluden a la realización de experimentos con niños fabricados en tubos de ensayo.