Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

4.

Las universidades alemanas de los siglos XVI y XVII produjeron bachilleres y doctores como si ya se hubiera inventado la producción en serie. Se desarrolló una nueva clase social: la aristocracia de los sabios. Los hombres de ciencia eran muy respetados (casi tanto como los científicos de la era atómica); los príncipes honraban a los sabios, el pueblo les temía y admiraba. No es de extrañar, pues, que se hincharan de orgullo; ese sentimiento se desarrolló con un ritmo desconocido hasta entonces. Pero había un inconveniente: la nueva aristocracia carecía de los nombres distinguidos y sonoros, de la pátina de vejez de la aristocracia de cuna. Tuvieron que conquistar la inmortalidad con los nombres sencillos y aún vulgares de sus padres, y estos nombres se destacaban ingratamente a pesar de las montañas de pulida prosa latina con que pretendían cubrirlos.

Schurtzfleisch (Carne de delantal) o Lammerschwanz (Cola de cordero) no eran nombres muy apropiados para ascender al Olimpo. Podía temerse que las Musas arrojaran a puntapiés a semejantes candidatos a la fama. Era preciso hallar el modo de pulir, de tornar aceptables nombres tan toscos y vulgares.

Uno de los métodos fue un tanto primitivo. Consistió en agregar simplemente la terminación latina “us” al nombre alemán. Así, Conrad Samuel Schurtzfleisehius, el erudito profesor de la Universidad de Wittenberg se vio liberado del vergonzoso recordatorio de su humilde cuna, y el “us” (como el francés “de” y el alemán “von”) lo convirtió en meritorio miembro de la orden de los sabios.

Los autores de libros importantes usaron durante siglos este “us”, y al cabo alcanzaron cierta nobleza y distinción; si alguien podía ostentar este “us”, se le consideraba hombre de profundos conocimientos; en cambio, los mortales comunes no tenían derecho a usarlo. En las portadas de los libros y en las citas era posible distinguir a un sabio gracias al aristocrático “us”, que no sólo tenía buen sonido, sino que también era práctico… porque se podía declinarlo. Si alguien, por ejemplo, se llamaba sencillamente “Bullinger”, el texto latino lo condenaba a eterna rigidez, en su condición de obstinado e inflexible nominativo. Pero “Bullingerus” tenía toda la gracia y la flexibilidad de una palabra latina; era posible declinar todos los casos, y decir Bullingerum, Bullingeri, Bullingero. Y si varios miembros de la misma familia figuraban en el mundo de las letras, se los podía enumerar gracias a las formas “Bullingeros, Bullingerorum…” etc.