Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

2.

Consideremos ahora el caso de los coleccionistas. No el de quienes consagran tiempo y dinero, conocimiento y amor a reunir obras de arte o a formar una buena biblioteca. Me refiero a los hombres y a las mujeres en quienes coleccionar es una manía devoradora. Han existido coleccionistas de cerraduras, de llaves, de llamadores; de bastones, de pipas, de tarjetas de visita, de programas, de avisos fúnebres, de billetes de ferrocarril. En París existió una famosa colección de escarbadientes. Un coronel de húsares vienés llegó a reunir doscientos mil soldaditos de plomo. Otro savant formó, al cabo de treinta años, la colección de naipes más completa del mundo.

Y luego, existen los coleccionistas de modas y de accesorios del vestir. Sombreros, cuellos, pelucas, peines, guantes, pañuelos, abanicos, hebillas, tirantes, ligas, corsés, zapatos… cada uno de estos artículos halló sus admiradores. Algunas de estas colecciones poseen real valor para los historiadores y diseñadores, para los artistas o los investigadores.

Pero, ¿qué decir del caballero del Gante que se especializó en coleccionar botones? Reunió por lo menos treinta y dos mil unidades, de todas las épocas y países, de todas las clases y ocupaciones. La colección constituía un auténtico microcosmos de historia cultural… y de estupidez humana. Los botones identificaban no sólo la chaqueta a la cual pertenecían, sino también toda la casa, la ciudad misma en que el propietario de la chaqueta vivía y se movía. Tomemos un ejemplo de fines del siglo XVIII: los petimetres usaban botones del tamaño de un dólar de plata, sobre los que se habían esmaltado artísticas miniaturas. Al año siguiente piedras preciosas y valiosos camafeos ocuparon el lugar de los botones. En 1786 las personas de categoría llevaban las iniciales de la amada grabadas en los botones, de arriba a abajo, de modo que una ojeada al estómago del sujeto permitía enterarse del nombre de la elegida. En 1787 la moda decretó que sobre los botones debían pintarse flores, pájaros, mariposas y diversos símbolos. En 1788 era obligado exhibir en los botones diversos edificios: el Louvre, Notre Dame, las Tullerías, el Arco de St. Denis, etc. Durante la Revolución, los temas fueron, naturalmente, el gorro frigio, la Bastilla, o el retrato de Marat; y algunos llegaron a utilizar la guillotina como motivo de adorno.