Chapters (59)
- IMPRIMIR
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
VI
LA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA
1.
Antaño, el juez se ponía sus vestiduras, se ajustaba la peluca, y abandonaba su condición de ser humano. Era una máquina que dispensaba justicia… o lo que entonces se consideraba justicia. Expulsaba de su mente la frase de San Pablo: “Pues la letra mata, pero el espíritu da vida.” San Lucas lo expresó con mayor claridad aún: “¡Desgraciados de vosotros, abogados! ¡Pues habéis perdido la llave del saber!”
El juez- el juez que condena, el hombre del párrafo y del precedente- no se interesaba por la persona del acusado ni por la intención que el hecho ocultaba, sino sólo por el hecho mismo. Las penas prescritas por la ley eran aplicadas sin piedad. No había circunstancias atenuantes, ni piedad, ni comprensión.
Eran los jueces que aplicaban el concepto de retribución, y que han sobrevivido hasta nuestros días. En el otro extremo de la escala se encuentran los jueces demasiado humanos. Parecen particularmente frecuentes en los Estados Unidos, donde un magistrado de Nueva York invitó al acusado a sentarse con él y a tomar una taza de café; donde otro, en Greenville, Mississippi, resolvió poner a votación de los espectadores si cierto asesino convicto debía morir en la silla eléctrica o ser condenado a prisión perpetua. Finalmente se resolvió sentenciarlo a prisión, por la holgada mayoría de quinientos noventa votos contra diez. O está el caso del juez de circuito de Harlan, Kentucky, que entró tambaleando al tribunal, después de una francachela, y descubrió que acusadores y acusados estaban cansados de esperarlo. Al día siguiente se aplicó a sí mismo una multa de doce dólares por haber bebido en exceso, pero no se puede afirmar que esa medida lograra restaurar su deteriorada dignidad.