Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

-¿Verdad que no es lo mismo en su país? ¿Sirven de este modo al rey de Francia?
El conde no pudo reprimir su ingenio malicioso.
-Debo confesaros que no, majestad. Pero también he de reconocer mi error. Al principio creía que estos caballeros se arrodillaban para disculparse por el pésimo alimento que sirven a Vuestra Majestad.
En la corte de Viena en 1731 todavía se combinaba la genuflexión y el besamanos, como lo explica Johann B. Küchelbecher en su Allerneueste Nachricht vom Römisch-Kayserl. Hofe (Hanover, 1730):
“El más señalado favor que el plebeyo puede recibir es que se le permita besar la mano de su Majestad Imperial. Ocurre del siguiente modo: quien solicita este supremo favor debe presentarse primero ante el Chambelán principal y solicitar su ayuda. Si el Chambelán principal está dispuesto a concederla, fija inmediatamente el día en que se otorgará el favor real. En la fecha señalada, la persona se presenta en la residencia imperial y se reúne con el Chambelán principal. Se la coloca a poca distancia de la puerta por la cual pasa el emperador cuando se dirige a la mesa. Apenas aparece el emperador, la persona admitida para el besamanos dobla una rodilla y besa las manos del emperador y de la emperatriz, mientras éstos pasan; y los monarcas extienden la mano con ese fin. Ello ocurre casi diariamente, y especialmente los días festivos, cuando casi todos son admitidos a la ceremonia del besamanos.”
Sin duda, era un señalado favor, aunque dispensado democráticamente.

3.

Naturalmente, el arquetipo de toda ceremonia fue la famosa (o notoria) etiqueta española. Era tan rígida, y provocaba tantas anomalías que había de suministrar a los cronistas y a los coleccionistas de anécdotas material casi inagotable.

El mortal común no podía tocar la persona augusta de la realeza española. En cierta ocasión, el caballo de la reina española se encabritó y desmontó a su majestad; pero el pie de ésta quedó aferrado al estribo. Intervinieron dos oficiales y la liberaron, salvándola de una muerte segura. Pero los valerosos guerreros huyeron inmediatamente como alma que lleva el diablo, saliendo del país para evitar la pena máxima en que habían incurrido por haber puesto sus manos sobre el cuerpo sacrosanto de la reina.

Felipe III sufrió quemaduras mortales frente a su propia chimenea, porque los cortesanos no lograron hallar a tiempo al grande de España a quien correspondía mover el sillón del rey.

En invierno la reina de España debía estar en el lecho a las nueve de la noche. Si olvidaba la norma, y se demoraba en la mesa, sus damas de compañía se arrojaban sobre ella, la desvestían y la arrastraban a la cama.