Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

Sin embargo, es perfectamente cierto que los reyes de España, intoxicados por su propio poder absoluto, se convirtieron en prisioneros de una etiqueta absolutamente rígida, cuyo formalismo ellos mismos desarrollaron. Se ataron de pies y manos… aunque las ligaduras estuvieran entretejidas con hilos de oro. Cada hora de sus vidas estaba estrictamente regulada por un horario inmutable. Aun la vida amorosa del rey de España estaba regida por la etiqueta. Lünig, súbdito leal que carecía absolutamente del sentido del humor, describe el momento de exaltación en que el rey sale con el propósito de hacer una visita nocturna a su reina:

“Calza pantuflas, y cubre sus hombros un manto de seda negra. En la derecha lleva una espada desnuda, en la izquierda una linterna. Del brazo izquierdo cuelga una botella, que no sirve para beber sino para otros propósitos nocturnos (… nicht zum trincken, sondern sonst bey Nacht-Zeiten gebraucht wird).”

Realmente, la figura de ese amante era sin duda un espectáculo terrorífico.

4.

Los primeros reyes franceses odiaban la idea de silenciar la voz fresca y libre del ingenio gálico con la mordaza de la etiqueta y del ceremonial. Adoptaron las tradiciones de la corte borgoñona, pero tuvieron buen cuidado de reservarse oportunidades que les permitían establecer contacto directo con el mundo de los mortales comunes. Enrique IV favoreció el uso de un lenguaje directo y franco. Prohibió a sus hijos que lo llamaran “Monsieur”… quería ser sencillamente “papá”. Tampoco aceptó la estúpida institución de las cortes alemanas…” los niños de azotes”. Eran hijos de nobles, compañeros de juegos de los jóvenes príncipes de la sangre; y cuando éstos últimos se portaban mal, los “niños de azotes” recibían el castigo correspondiente. Enrique IV dio instrucciones especiales al tutor de su hijo para que le aplicara una buena azotaina cuando el niño se portara mal. En una carta fechada el 14 de noviembre de 1607 escribe lo siguiente: “Deseo y ordeno que el Delfín sea castigado siempre que se muestre obstinado o culpable de inconducta; por experiencia personal sé que nada aprovecha tanto a un niño como una buena paliza”.

El gran cambio sobrevino bajo el reinado de Luis XIV. El monarca amaba la vida de la corte, y se complacía en el eterno movimiento y en el caleidoscópico color de Versalles. Pero dicho movimiento debía ser orbital: Luis XIV era el Sol, alrededor del cual giraba todo el universo, y su persona era la única fuente de calor y de luz.

Reorganizó y desarrolló la etiqueta española de acuerdo con sus propios gustos. Conservó el cuello ajustado, pero en lugar del rígido corte español, procuró obtener un toque de belleza con encaje de Chantilly. He aquí lo que dice Voltaire en su Época de Luis XIV: