Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

Para mí, el perfecto burócrata estará siempre representado por el Schupo (policía) berlinés, a quien conocí poco después de llegar a la capital alemana. Necesitaba ir a una calle de los suburbios del oeste de la ciudad, y me dirigí al policía de uniforme verde. Me escuchó atentamente, y luego me suministró la información necesaria con voz seca y rápida. Las instrucciones eran muy complicadas, e implicaban dos cambios de ómnibus, varios desvíos a la derecha y a la izquierda, el cruce de algunas plazas y unos cuantos detalles más. Me fatigué del asunto a mitad de la explicación y decidí que, una vez en camino, preguntarla nuevamente. De modo que agradecí cortésmente al Schupo y empecé a alejarme. Pero su mano enguantada me aferró del hombro y me obligó a dar media vuelta.

-¡No me agradezca!- ladró- ¡Repítalo!

2.

El primer síntoma de la incapacidad mental del burócrata es su lenguaje. Del mismo modo que ciertos desórdenes mentales provocan tartamudeo, ecolalia y otros defectos del habla, así la burocracia crea un lenguaje burocrático. Eric Partridge ofrece una definición de notable moderación, pues afirma que es el “tipo de fraseo que ha sido asociado a menudo justificadamente con las oficinas del gobierno”. Y cita en su brillante Usage and Abusage un breve pasaje que se refiere a los pequeños comerciantes:

“… los siguientes artículos de esta ley se aplicarán solamente a los comercios, es decir a aquellos artículos de la sección seis y de la sección ocho que se refieren a la aprobación por los ocupantes de negocios, de las órdenes emitidas con arreglo a las secciones de los artículos del párrafo c) de la subsección 1) de la sección siete y a los artículos del párrafo a) de la sección doce…”

Se trata de un caso relativamente benigno. A propósito, recordamos ahora la réplica de un departamento del gobierno al pedido de provisión de un libro. Se informaba al solicitante que estaba “autorizado a conseguir la obra en cuestión mediante compra realizada por los conductos comerciales normales”. En otras palabras, se le autorizaba a comprarlo en una librería.

La pasión por las palabras largas, por las frases complicadas, por la expresión tautológica es innata en el burócrata. En Gran Bretaña la enfermedad alcanzó tal gravedad (y provocó tan considerable pérdida de tiempo) que Sir Ernest Gowers, miembro eminente del servicio civil, decidió escribir un libro titulado Plain Words (Palabras francas). En él procuró demostrar cómo se podía emplear un lenguaje mejor y más sencillo. El libro fue aclamado… y prácticamente no tuvo la menor influencia. Un ministerio ordenó veinte ejemplares, y una semana después produjo la siguiente obra maestra: