Chapters (59)
- IMPRIMIR
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
II
LA VORACIDAD DE MIDAS
1.
Antes de la Primera Guerra Mundial las islas Palau (anteriormente Pelew) pertenecían a Alemania, que en 1899 las habla comprado a España. Luego, en 1918, se convirtieron en mandato japonés. Con desprecio de la obligación impuesta por la Liga de las Naciones, el Japón las convirtió en bases fortificadas, que le fueron muy útiles durante la Segunda Guerra Mundial. Las islas Palau fueron escenarios de los más sangrientos combates librados en el Pacífico, y la isla central, la de Yap, adquirió notoriedad en la historia de la guerra. Actualmente todo el grupo de islas se encuentra en manos norteamericanas.
Pero mucho antes de los alemanes, los japoneses o los norteamericanos, Yap era famosa por cierta particularidad: su moneda. Aunque inocentes y primitivos, los nativos de bronceada piel conocían la institución del dinero. El único inconveniente era que Yap carecía absolutamente de metales; y si bien había abundancia de conchas, frutos y dientes de animales, los habitantes de Yap llegaron a la conclusión de que un sistema monetario fundado en estos objetos tan comunes carecería de la estabilidad necesaria. Era preciso hallar un material tipo que poseyera auténtico valor intrínseco.
En definitiva eligieron el producto de una isla situada a doscientas millas de distancia: las piedras de una gran cantera, un material perfecto para la fabricación de ruedas de molino. La isla estaba a gran distancia; extraer y dar forma a las piedras implicaba considerable esfuerzo. Por consiguiente, se dijeron los habitantes de Yap, habían hallado la moneda perfecta.
Una piedra redonda y chata de aproximadamente un pie de diámetro correspondía más o menos a media corona o a un dólar de plata. Si se la perforaba en el centro, se podía pasar un palo por el agujero, y llevarla al mercado… aunque el portador no pudiera caminar muy erecto. Cuanto más grande la piedra, mayor su valor. La enorme piedra de molino de doce pies de diámetro era el equivalente de un billete de mil dólares; y el agujero practicado en el centro podía dar cabida al jefe indígena más corpulento.