Chapters (59)
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
La sátira de Cervantes no produjo ninguna impresión en El Escorial; simplemente, se dieron por no enterados. El caballero de la corte tenía íntima afinidad espiritual con Don Quijote y sus predecesores. En todo el año sólo disponía de unos pocos días, durante los cuales se le permitía gozar de la compañía de su adorada. En raras ocasiones se veía en público a las damas de compañía: en las grandes recepciones de la corte, durante las procesiones y las fiestas, quizás en ocasión de un auto de fe, cuando refrescaban sus ojos y sus oídos con el espectáculo de las llamas y los gritos de los herejes y de las brujas que ardían. En esas circunstancias el caballero podía estar de pie al lado de su dama y cortejarla… claro está que sólo dentro de los límites del más estricto decoro. Esta actividad gozaba de cierto particular carácter oficial debido al privilegio de los galanteos de conservar puesto el sombrero en presencia del monarca (derecho que compartían con los grandes de España). Se les concedía dicho privilegio porque de acuerdo con la teoría oficial, el caballero estaba tan desconcertado en presencia de su dama, y tan embriagado de amor que no podía controlarse, de modo que si hubiese sostenido el Sombrero en la mano, seguramente lo habría dejado caer.
El resto del año, el galanteo podía rondar el palacio y esperar hasta que su dama apareciera durante un instante en la ventana. Entonces le declaraba su amor… pero sólo por señas. Este lenguaje por señas consistía (de acuerdo con la tradición española) en que el enamorado se llevaba el pañuelo a los labios, luego a la frente, y finalmente al corazón. Según las memorias de la condesa d’Aulnoy, en tales ocasiones el caballero enamorado suspiraba y gemía tan ruidosamente que podía oírselo a bastante distancia. Con el fin de obtener por lo menos alguna satisfacción física de carácter sustitutivo, los caballeros sobornaban al cirujano que sangraba regularmente a las damas de compañía, para que les entregara subrepticiamente alguna venda o servilleta empapada en la sangre de la bien amada.
A pesar de todo, ese galanteo oficial era considerado gran distinción y honor. Viejos y jóvenes por igual intrigaban y luchaban por el privilegio; y los elegidos ofrecían hermosos regalos a sus damas. La condesa d’Aulnoy afirma que durante su visita a España comprobó que más de un galanteo se arruinó completamente debido a esta manía de los regalos.