Chapters (59)
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
Para descubrirlo, es preciso remontarse a la época de los emperadores romanos.
Herodiano, el historiador griego que escribió una historia de Roma entre los años 180 y 238 de nuestra era, nos da la respuesta. Este autor explica que después de la muerte de un emperador, se depositaba la imagen de cera sobre un diván de marfil colocado en el salón del palacio. Los senadores, vestidos de luto, pasaban el día alrededor del emperador de cera, cuyo rostro tenía la palidez de la muerte. Afuera, el populacho espera y observa. De tanto en tanto los médicos examinan al invalido de cera e informan con tristeza que está empeorando. Al séptimo día se anuncia oficialmente la muerte. Entonces se realiza la apotheosis, el funeral real; se enciende tremenda hoguera y se deifica al emperador.
Luis XVIII fue el último monarca francés para quien se preparó una imagen de cera. Pero se suprimió la ceremonia de las comidas. Pues era famoso el tremendo apetito del rey ciudadano, y los ministros de su sucesor temieron que la risa homérica de la multitud conmoviera las ventanas del palacio.
La realeza difunta también acarreaba problemas. John Stow nos cuenta que Enrique I, después de fallecer, mató a su propio médico:
“Se había prometido gran recompensa al médico para que abriera su cabeza [la del rey] y extrajera el cerebro, pero el hedor lo mató, y por consiguiente no pudo gozar de la recompensa prometida.”
Los ojos, el cerebro y las entrañas del rey fueron enterrados en Ruán; el resto de su cuerpo fue cubierto de sal y envuelto en cueros vacunos, “debido al hedor que envenenaba a los que estaban alrededor”. Y todo por la locura de haberse hartado de lampreas.
El entierro de Enrique VIII tampoco fue muy ceremonioso. Un documento contemporáneo, conservado en la colección Sloane, relata que el cadáver pasó una noche entera en un convento profanado que había servido de cárcel a Catalina Howard:
“El rey, a quien llevaban a Windsor para ser enterrado, estuvo toda la noche entre las derruidas murallas de Sión; y como el ataúd de plomo sufrió por el movimiento del carruaje, la sangre de Enrique manchó el piso de la iglesia.
“Por la mañana vinieron plomeros para soldar el ataúd, y entre ellos- tiemblo al escribir esto- apareció súbitamente un perro, que lamió la sangre del rey…”
¡Largo camino se habla recorrido desde la efigie de cera celosamente alimentada durante cuarenta días!
6.
En 1810 la mitad occidental de Haití se convirtió en república. Su presidente fue el general Henri Christophe, nacido esclavo en Granada, y hábil lugarteniente de Pierre Dominique Toussaint L’Ouverture en la revolución de 1791 contra los franceses.