Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

He aquí una pequeña colección de estas mágicas transformaciones, con las traducciones aproximadas de los nombres alemanes:
Oecolampadius era: Hausschein (Brillo de la casa).
Melanchton era: Schwarzfeld (Campo negro).
Apianus era: Bienewitz (Ingenio de abeja).
Copernicus era: Köppernik.
Angelocrator era: Engelhart (Angel duro).
Archimagrius era: Küchenmaster (Maestro de cocina).
Lycosthenes era: Wolfhart (Lobo duro).
Opsopoeus era: Koch (Cocinero).
Osiander era: Hosenenderle (Puntita de los pantalones).
Pelargus era: Storch (Cigueña)
Siderocratas era: Eisenmenger (Mezclador de hierro).
Avenarius era: Habermann.
Camerarius era: Kammermeister (Chambelán).
Parsimonius era: Karg (Escaso, parco).
Pierius era: Birnfeld (Huerta de perales).
Ursisalius era: Beersprung (Salto de oso).
Malleolus era: Hemmerlin (Martillito).
Pepericornus era: Pfefferkorn (Grano de pimienta).
Otras naciones adoptaron esta tonta moda. Así, el suizo Chauvin latinizó su honesto nombre y lo convirtió en Calvinus. Y el belga Weier se convirtió en Wierus, el polaco Stojinszky en Statorius, el francés Ouvrier en Operarius, y el inglés Bridgewater en Aquapontanus.
Podríamos agregar miles de nombres a la lista. Ni siquiera la sangrienta sátira de la Epistolas Obscurorum Virorum pudo curar a los aludidos de la manía de la “clasicización”, a pesar de que las famosas cartas utilizaban nombres como Mammotrectus, Buntemantellus, Pultronius, Cultrifex, Pardormannus, Fornacifisis, etc. Fue obra de la suerte que el inventor de la imprenta, Hans Gensfleisch, naciera demasiado temprano como para aficionarse a tales locuras. Si hubiera vivido cien años después, ahora hablaríamos de Ansericarnosus en lugar de referirnos a las Biblias de Gutemberg.
Debo confesar que la moderna manía de los seudónimos me parece muy íntimamente relacionada con esta costumbre de los siglos XVI y XVII. Puedo comprender inmediatamente por qué Samuel Spewack escribe novelas policiales bajo el nombre de “A. A. Abbot” (además, lo coloca automáticamente al principio de cualquier lista alfabética), o por qué Euphrasia Emeline Cox prefiere llamarse Lewis Cox. Pero, ¿por qué demonios J. C. Squire se convirtió en Solomon Eagle o Robert William Alexander se disfrazó de Joan Butler? ¿Acaso Clement Dane es más eufónico que Winifred Ashton? ¿O Kirk Deming es mejor que Harry Sinclair Drago? Incluso prefiero Cecil William Mercer a Dornford Yates, o Grace Zaring Stoile a Ethel Vance… pero quizás estas damas y estos caballeros aciertan cuando prefieren Peter Trent a Lawrence Nelson, o Anya Seton en lugar de señora de Hamilton Chase.

5.