Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

“El párrafo II del artículo 3 del reglamento reformado deberá ser sustituido por el siguiente párrafo:
II. En cualquiera de los meses del mismo año la remuneración no excederá la que resulte de sumar a la remuneración de los meses anteriores del año, la cantidad que sea el producto de la suma standard multiplicada por el número de meses del año que haya expirado al fin del mes para el cual se está realizando el cálculo, agregado a la mitad de cualquier exceso autorizado de honorarios respecto de ese producto que, salvo los artículos de este reglamento, hubiera derecho a cobrar en dichos meses, excluyendo, para todos los fines de este párrafo, el mes de enero de 1949.”
Después de luchar con esta kilométrica frase, el dentista tiene todo el derecho del mundo a equivocarse de muela. Y todavía nadie ha aclarado por qué el pobre enero de 1949 ha sido excluido de todo el arreglo.
Se creería que en los Estados Unidos, habida cuenta del genio norteamericano para la frase directa y sencilla, la permanente transformación y el enriquecimiento del idioma evita estos fangales burocráticos. Pero la burocracia es la misma en todo el mundo. Un plomero de Nueva York preguntó al Bureau of Standards de los Estados Unidos si aconsejaba el uso de ácido clorhídrico para la limpieza de cañerías tapadas; recibió esta breve y desconcertante respuesta:
“La eficacia del ácido clorhídrico es indiscutible, pero el residuo corrosivo es incompatible con la permanencia del metal.”
El buen hombre necesitó un buen rato para descubrir el significado de la frase: “¡No use ácido clorhídrico! ¡Se comerá las cañerías!”
Y un funcionario de Washington informó a su superior:
“El contacto verbal con el señor Blank respecto de la notificación de promoción adjunta ha puesto de relieve la formulación adjunta en la que se destaca que prefiere declinar el nombramiento.”
Treinta y una palabras en lugar de cinco: “Blank no desea el empleo”.
En Nueva Zelandia un funcionario del gobierno inspeccionó cierta propiedad propuesta para asiento de un campo de deportes. Su informe fue perfecto ejemplo de burocratismo:
“De la diferencia de elevación con respecto a la escasa profundidad de la propiedad se deduce claramente que el contorno impide toda posibilidad de desarrollo razonable con fines de recreación activa.”
También en este caso llevó cierto tiempo descubrir que el lote tenía una pendiente muy pronunciada.
El humor inconsciente caracteriza a la estupidez tanto como el papeleo interminable. He aquí un párrafo de cierta reglamentación británica:
“En la Categoría Nueces (descascaradas) (que no son maníes), la expresión Nueces se refiere a dichas nueces, distintas de los maníes, las cuales, si no fuera por esta disposición de enmienda, no merecerían la denominación de Nueces (descascaradas) (distintas de los maníes), por tratarse de Nueces (descascaradas).”
Gracias a una dosis considerable de control de mí mismo, me abstendré de formular el comentario que este párrafo merece.
Sir Alan Herbert, novelista, político e ingenio brillante, resumió el espíritu de la burocracia cuando “tradujo” la frase famosa de Nelson, “Inglaterra espera que cada uno cumpla con su deber”, al lenguaje burocrático:
“Inglaterra presume que, en relación con la actual situación de emergencia, el personal encarará los problemas, y realizará apropiadamente las funciones asignadas a los respectivos grupos ocupacionales.”
Felizmente, Nelson no sucumbió a esta enfermedad verbal, pues de lo contrario es muy probable que Trafalgar se hubiera perdido.