Chapters (59)
- IMPRIMIR
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
3.
La adoración abstracta, ultraterrena de las mujeres en la época de la caballería fue sin duda cosa buena y noble; pero los enamorados aplicaron excesiva tensión a la cuerda vibrante del romance, hasta que al fin se rompió. Estos adolescentes barbados, revestidos de armadura, y aficionados al laúd, empezaron a crecer, y a comprender que las damas, a las que habían puesto sobre tan elevado pedestal, eran, después de todo, nada más que mujeres… y que a veces no merecerían tantos sacrificios.
Tannhäuser (no el Tannhäuser de las leyendas, sino el auténtico, que vivió entre 1240 y 1270) se rebeló contra el “yugo de las mujeres” y en sus poemas satirizó audazmente los ideales de la caballería:
Treuer Díenst der ist gut,
Den man schónen Frauen thut…
Buena cosa era el servicio leal prestado a las mujeres bellas… pero
luego enumera las exigencias que es preciso satisfacer antes de que la mujer adorada conceda ninguna recompensa. El amante ha de levantarle un palacio de marfil puro; le llevará desde Galilea la montaña que otrora fue asiento de Adán, conseguirá el Santo Grial, y la manzana que Paris dio a Venus… y entonces recibirá el más grato de los presentes. Por otra parte, ella es muy capaz de no dirigirle nunca la palabra, a menos que él le lleve el Arca de Noé. La Pura, la Amable, la Bondadosa Señora tenía muy diferente aspecto a los ojos de Tannhäuser:
“Ja Dank sei ihr, ihr Nam’ist Gute.
Hei hei! es blieb zu fern ihr einst die scharfe Rute.”
(“Sí, gracias a ella, su propio nombre es Bondad.
¡Eh, eh! ¡Demasiado lejos de ella estuvo antaño el látigo duro!”) En otras palabras, se malcrió a la dama por evitarle castigos en la
infancia.
Tannhäuser fue el único, de todos los poetas de la época, que comprendió claramente la situación. No le pasó inadvertido que la mayoría de las elegidas no veían en la profunda pasión del caballero otra cosa que mero galanteo.
“Sprech’ich ein Ja, sie saget Nein,
So stimmen stets wir überein”.
(“Cuando yo digo Sí, ella dice No,
Y de ese modo siempre coincidimos.”)
Gradualmente se acercó el fin inevitable de la época del amor caballeresco. El hombre del Renacimiento, más sensual, se reía de las exangües languideces de sus antepasados, y buscaba en el amor alegrías más concretas. La palabra Minne también perdió su antiguo significado. Una erudita obra alemana señala con dolor: “Desde el siglo XV, la expresión Minne, otrora de noble significado, se vulgariza cada vez más, y al cabo se la utiliza sólo para describir innobles placeres corporales”.