Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

Las damas de los salones desarrollaban un frío juego de amor: sentimental, etéreo y fantástico, con cierto matiz platónico, y todo ello diluido en literatura y expresado en hipérboles vacías y alambicadas. Pero lograron que muchos jóvenes románticos y inexpertos aceptaran las reglas del juego. Bussy-Rabutin, que en su madurez ya estaba muy lejos de estas tonterías platónicas, describió su juvenil pasión por una bella viuda:

“Alentaba yo tan ridícula concepción del respeto debido a las mujeres, que mi bella viuda podría haberse muerto de angustia a mi lado, si no hubiera comprendido mi tontería y no me hubiese alentado. Y durante mucho tiempo ni siquiera me atreví a tomar nota de su benevolencia. Creía firmemente en la imposibilidad de conquistar el amor de una dama si no había consagrado cierto tiempo a suspiros, llorosas lamentaciones, ruegos y cartas de amor. Mientras no hubiera cumplido estas obligaciones, no me consideraba con derecho a esperar el menor favor.”

Como se advierte en esta cita, la hermosa viuda no se negaba a hacer ciertas concesiones ocasionales, difícilmente compatibles con la “sensibilidad” de los seres etéreos que habían “descendido de los cielos”.

El juego de la galanterie no era en el fondo otra cosa que la forma primitiva de un galanteo cruel y ridículo.

4.

Debido a los siglos de influencia árabe, las mujeres españolas vivían en una atmósfera muy parecida a la de un harén. No sólo la opinión pública se oponía a las relaciones entre hombres y mujeres; los furiosos celos del esposo también imposibilitaban completamente el contacto con los presuntos amantes. Cuando el marido se hallaba impedido de vigilar personalmente a la mujer, lo reemplazaba la dueña, que con ojos de Argos cumplía su misión. Es cierto que la astucia femenina siempre hallaba medio de burlar la guardia más estricta; pero estos casos nada tienen que ver con la historia de la estupidez humana. Muy al contrario.

Y sin embargo, en España, que carecía prácticamente de vida social, también hallamos una versión algo más atenuada del juego de amor desarrollado con tanta pasión en la época de la caballería, y en el lugar que se hubiera creído menos apropiado: la corte real. La vida social de la corte española sufría el influjo de una de las más extrañas invenciones del espíritu humano: la etiqueta española. Fue ideada por Felipe II, que la transmitió a sus sucesores, junto con un imperio que ya empezaba a agrietarse por todos los costados.