Chapters (59)
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
Pero los financistas franceses eran como becerros de oro a los que se engordaba para el sacrificio. Saint-Simon nos ofrece la horrible descripción de estos monopolistas del oro, en quienes la grosera codicia del procónsul se unía al piratesco espíritu de extorsión del sátrapa. “Le Roi veut” (El Rey lo quiere) era la fórmula mágica de Voysin y de Desmaret. Sobre todo este último era un auténtico Ministro de la Usura; fue el mismo a quien Colbert sorprendió en delito de falsificación; después de varios años en desgracia retornó a la administración financiera y sentenció a Francia a la tortura de los “impuestos del diezmo”. “Era oro”, dice Saint-Simon, “del que manaba la sangre de los cuerpos torturados”.
Cuando Luis el Grande necesitaba dinero para su Minotauro versallesco, los messieurs traitants eran los primeros hombres de Francia. Samuel Bernard, que se declaró en quiebra con deudas por cuarenta millones, y luego se elevó a las más altas cumbres de la riqueza, se relacionó por vía matrimonial con las antiguas familias de Molé y de Airepoix, y cierto día la corte, petrificada, lo vio caminar al lado del Rey Sol por los senderos de los jardines de Marly. Saint-Simon reflexiona sobre las humillaciones a que debían someterse aun los monarcas más poderosos. Naturalmente, se relacionaban con el oro. Y sin embargo, entonces Francia experimentaba aún general resentimiento con respecto al implacable despotismo del oro; ¡no es difícil imaginar el efecto de la comedia de Moliére sobre los tensos y maltratados nervios de los contemporáneos!
Al fin, la nobleza arruinada se sometió al poder del oro. Cuando Madame de Grignan consintió en el matrimonio de su hijo con la heredera del “intendente general” Saint Arman, acuñó la frase: “De tiempo en tiempo, aún la mejor tierra debe recibir abono fresco”. El conde de Evreux casó con la hija de Crozat, que le aportó una dote de dos millones, y además veinte millones “para el futuro”; pero jamás tocó ni siquiera un cabello de su esposa. Cuando se enriqueció gracias a la fantástica estafa de John Law, devolvió la dote y envió a la joven de regreso a la casa del padre.