Back Historia de la estupidez humana
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

En el más elevado escalón de la pirámide se hallaban los príncipes de la sangre, otros príncipes, y los pares, nimbados de áurea gloria. Los pares eran los nobles hereditarios y los magnates de Francia, y pertenecían simultáneamente al parlement y al Consejo de Estado. Este grupo, el más elevado de todos, detentaba los más altos privilegios y la suprema jerarquía. El resto de la nobleza venía después a gran distancia de aquellos.

Debemos destacar que existía considerable diferencia entre Jerarquía y poder. Un hombre podía ser un ministro todopoderoso, un general victorioso, un gobernador colonial, o presidente de un parlement de gran autoridad; en la vida de la corte su rango era muy inferior al de un joven príncipe que acababa de salir de la adolescencia. En campaña, los mariscales de Francia tenían precedencia sobre los príncipes y los pares, pero en la vida de la corte carecían de rango, y sus esposas no tenían derecho al codiciado y envidiado tabouret.

“¡El divino tabouret!” como lo llama Mlle. de Sévigné en una de sus cartas. El taburete era un mueble sin brazos ni respaldo, más parecido a una sillita plegable que a un sillón. Sin embargo, a pesar de su insignificancia, desempeñó extraordinario papel en la vida de la corte francesa.

Cuando el rey o la reina tomaban asiento en el círculo de la corte, todos los caballeros tenían derecho a sentarse… no en un sillón, sino sólo en uno de esos famosos tabourets. De todos modos, las damas condenadas a mantenerse de pie podían alentar ciertas esperanzas. Se les permitía compartir el privilegio del tabouret… cuando el rey y la reina no estaban presentes. La posibilidad de dicha eventualidad fue cuidadosamente estudiada por la etiqueta de la corte, y sus reglas se combinaron en un sistema. Se desarrolló una ley del taburete, del mismo modo que en el curso de la historia se desenvolvieron paulatinamente las tradiciones legales.