Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

Seamos un poco más específicos:
Los hijos de la familia real se sentaban en tabourets en presencia de sus padres; en otras ocasiones, podían ocupar sillones. Los nietos reales podían solicitar tabourets sólo cuando los hijos del rey estaban presentes; en las restantes ocasiones, también ellos podían acomodarse en sillones. Las princesas de la sangre debían contentarse con tabourets en presencia de la pareja real y de los hijos de ésta; pero en presencia de los nietos del rey gozaban de un privilegio especial: un sillón sin brazos, pero que por lo menos tenía respaldo donde apoyarse. Tampoco se las privaba totalmente de la gloria implícita en el sillón… pero en presencia de damas de rango inferior.
Estas normas no agotaban los problemas ni las posibilidades; era preciso considerar la situación de los altos dignatarios del Estado y de la corte. Los cardenales debían estar de pie en presencia del rey; pero en compañía de la Reina y de los niños reales se les ofrecía tabourets; cuando sólo estaban presentes príncipes y princesas de la sangre, podían reclamar sillones. Los príncipes extranjeros y los grandes de España debían estar de pie ante la pareja real y sus hijos; frente a los nietos reales podían ocupar un tabouret; en presencia de príncipes y de princesas de la sangre tenían derecho a sentarse en sillones. (Sin duda había considerable desplazamiento de muebles en la corte francesa, al compás de las idas y venidas de la familia real.)
La ley del tabouret incluye muchos otros aspectos, pero no podemos ocuparnos de todos. Quizás sea éste el lugar apropiado para citar el libro de Marzio Galeotto sobre la casa del rey Matthias Corvinus de Hungría. Beatriz, la esposa italiana del rey, introdujo una práctica particular: si ella se sentaba, lo mismo podían hacer las damas de compañía; y estaban autorizadas a hacerlo sobre cualquier tipo de silla, sin necesidad de permiso especial. Un cortesano muy escrupuloso mencionó el hecho al rey Matthias, y criticó la falta de formalidad; sin duda, mucho mejor era dejar de pie a las damas.
-Oh, no, que se sienten- replicó Su Majestad- son tan terriblemente feas, que mucho más ofenderían la vista del espectador si se quedaran de pie.
La ley del tabouret es sólo una pequeña muestra de la tremenda variedad de privilegios y derechos de que gozaba la alta nobleza. Era una dieta refinada y sutil con la que se alimentaba la vanidad, y el goce era más intenso porque todo se hacía públicamente.
En las recepciones de la corte las damas de rango inferior besaban el ruedo de la túnica de la reina. También las princesas y las esposas de los pares tenían derecho a rendir este homenaje, pero el privilegio estaba claramente determinado: se les permitía besar la tela un poco por encima del ruedo.
La cola de los vestidos también estaba estrictamente regulada, según nos explica Saint- Simon:
La reina- once anas.
Hijas de la pareja real- nueve anas.
Nietas de la pareja real- siete anas.
Princesas de la sangre- cinco anas.
Otras princesas- tres anas.
Y como una ana equivale a una yarda, o poco más, aún las simples princesas disponían de tela suficiente para dar a sus vestidos una cola majestuosa.
Las damas de compañía bebían de una pequeña copa. Privilegio de las princesas era que, además, se les diera un platito de vidrio. En cierta ocasión Mlle. de Valois, princesa de la sangre, tuvo por compañera de viaje a la duquesa de Villars, una simple princesa que no era de sangre real. En realidad, ambas tenían derecho al platito de vidrio. La lucha comenzó durante la primera comida. Mademoiselle de Valois exigió que NO se ofreciera el plato a su compañera; pues en ese caso, ¿cómo podía establecer su precedencia una princesa de la sangre? A su vez, madame de Villars declaró que tenía derecho a recibir el plato, dado su rango de princesa. Esta grave discusión acabó en ruptura total. Como era imposible resolver el problema, pues se carecía de tradición práctica con respecto a los platos de vidrio, decidieron abstenerse de beber durante todas las comidas que se hicieron en ese viaje, prefiriendo las torturas de la sed antes que ceder un ápice.
En todo caso, estas damas litigiosas comían juntas. No era el caso de aquel conde alemán, de quien C. Meiners relata en su Geschichte des weiblichen Geschlechtes (Historia del sexo femenino, Hanover, 1788) que se casó con una archiduquesa austriaca. Era un matrimonio de amor, pero el pobre conde se quejaba amargamente: “Podemos dormir en el mismo lecho, pero no se nos permite comer a la misma mesa”.
Minima non curat praetor, afirma el proverbio latino. “Las cosas pequeñas poco importan”. Quizás así es, amenos que se esté infectado del virus de la vanidad. Pues en Versalles aún las cosas más fútiles poseían prodigiosa importancia.
Era privilegio de las princesas poner un toldo escarlata sobre el techo de sus carruajes. Pero los hijos y los nietos de la pareja real necesitaban distinguirse de algún modo. Gozaban, pues, del privilegio especial de llevar el toldo escarlata clavado al techo del carruaje. Esta situación suscitó un grave problema, pues el príncipe Condé (príncipe de la sangre) exigió el mismo derecho para las princesas de la sangre. Pero las intrigas de la corte impidieron la audaz innovación, de modo que el indignado Condé arrancó completamente el toldo escarlata del carruaje de su esposa y (con gran consternación de todo el mundo) entró sin él al palacio real.
Entró al palacio… he aquí una observación importante. Los carruajes de los nobles de rango inferior al de príncipe no podían traspasar el patio interior; una vez llegados a la porte-cochere debían detenerse, y sus ocupantes caminaban hasta la entrada.
Si el rey visitaba uno de sus castillos en provincias, toda la corte lo seguía. En los castillos se reservaba a cada uno la correspondiente habitación. Pajes de librea azul escribían con tiza sobre la puerta el nombre del personaje de la corte Monsieur X o Madame Y. Pero ni siquiera esta sencilla tarea se salvaba de la comedia de la precedencia. El absurdo de la etiqueta gobernaba en los corredores de Marly o de Fontainebleau. Las damas y los caballeros de rango excepcional tenían derecho a una palabra suplementaria: pour, para Monsieur X o Madame Y.
Las cuatro letras de la palabra pour, trazadas con tiza, constituían valiosa distinción. Sólo se concedía a los príncipes de la sangre, a los cardenales y a la realeza extranjera, de modo que esta delicada distinción convertía al rey en anfitrión personal de sus huéspedes privilegiados.
Los embajadores extranjeros expresaron la más profunda indignación ante la ausencia del pour en sus respectivas puertas. Pero todos los esfuerzos fueron en vano; Luis XIV se negó obstinadamente a rectificar su decisión. El día que la princesa D’Ursins conquistó el privilegio se produjo tremenda sensación. La dama consiguió probar que era miembro de cierta familia real extranjera… y poco después el paje vestido de azul aparecía frente a la puerta de la habitación ocupada por la princesa y agregaba solemnemente las cuatro letras.
“Francia entera”, escribió feliz madame D’Ursins a su esposo, “se apresuró a felicitarme porque habla alcanzado este pour deseado con pasión. Todos me demostraron extraordinario respeto. El caso ha provocado gran sensación en París”. (Henri Brochet: Le rang et Vétiquette sous Vancien régime, Paris, 1934.)
Mayor aún fue la sensación (casi un terremoto o una erupción volcánica) cuando los dos hijos de Luis XIV y de Mlle. de Montespan atravesaron la cámara del Parlement de París. Sí, la atravesaron, y por el medio.
¿Por qué esa sensación? Debemos recordar que Luis quería más a los bastardos reales que a sus propios hijos legítimos. Los abrumó de títulos y de honores. Uno de ellos, el duque de Maine, fue coronel a la madura edad de cuatro años, y cuando cumplió los doce fue nombrado gobernador real de Languedoc. El otro, el conde de Tolosa, tenla once años cuando fue nombrado gobernador… pero cuando cumplió los cinco años su padre lo había hecho Gran Almirante de Francia. Ambos realizaron una magnifica carrera; pero desde el punto de vista de la precedencia sus progresos no fueron muy notables. Los legítimos príncipes de la sangre tenían un rango superior. Era preciso hallar remedio al problema. El 29 de julio de 1714 apareció un edicto real, que reguló la función de los dos niños en el Parlement de París y les concedió los mismos derechos que poseían los príncipes de la sangre.
Bajo el ancien régime, el Parlement de París era en realidad la Suprema Corte de Francia. Sus miembros eran los pares, los príncipes y las princesas de la sangre. Estos últimos gozaban de considerables privilegios. Cuando se leía la nómina, el presidente no mencionaba los nombres de los príncipes; se limitaba a mirarlos. Cuando se dirigía a ellos, se descubría. Al llegar o al partir, dos porteros los escoltaban. Pero esto era sólo el comienzo. El verdadero privilegio se expresaba en el modo de ocupar sus respectivos asientos. Los pares y los simples príncipes no podían cruzar el salón para llegar a sus sillas, y debían caminar a lo largo de las paredes. Sólo el presidente y los príncipes de la sangre podían cruzar por el centro del salón.
Saint-Simon describe detalladamente el día memorable en que los dos bastardos reales alcanzaron tan glorioso privilegio. Fue, sin duda, una gran ocasión.