Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

Parece un poco exagerado afirmar que todos los reyes y príncipes son “imágenes de Dios”… especialmente porque algunos de ellos vivían de un modo que mal podía ser considerado santo. Pero por lo menos Herr Lünig ofrece una teoría y una justificación. Y, después de todo, buen número de emperadores y de reyes afirmaron que gobernaron “por la Gracia de Dios”, o que contaban con alguna otra forma de aprobación directamente emanada de la Divinidad.

Que los gobernantes son los alter ego de Dios era principio fundamental del Imperio Bizantino; aunque, por supuesto, esta misma norma había sido aceptada, en distintas formas, en países tan diversos como Egipto, la India y los imperios precolombinos de América del Sur, sin hablar del período final del Imperio Romano, que se enorgullecía de poseer unos cuantos “dioses”, además de Claudio.

En el año 404 de nuestra era los emperadores Arcadio y Honorio consideraron necesario disciplinar a los funcionarios de la corte. Arcadio, español por nacimiento, fue el primer emperador del Imperio Romano de Oriente; a la muerte de su padre Teodosio I, se dividió por vez primera el Imperio Romano. Honorio, su hermano menor, nació en Constantinopla, heredó la mitad occidental del Imperio, y residió casi siempre en Milán y en Rávena. Ninguno de ellos fue modelo de gobernante; fueron manejados por sus esposas, por eunucos, por prefectos pretorianos y por otros favoritos. Sin embargo, ninguno de ellos dudó jamás de su propia divinidad. He aquí la cláusula final del edicto conjunto: “Todos aquellos que, movidos de audacia sacrílega, desafíen nuestra divinidad, serán privados de sus empleos y de su propiedad”.

Destaquemos que esta orden tonante fue emitida no por emperadores romanos paganos, sino más bien por gobernantes cristianos. La carta escrita o dictada por un emperador bizantino tenía carácter sagrado, y sus leyes eran “revelaciones celestiales”. Y para dirigirse oficialmente a tan exaltados personajes era preciso usar la fórmula “Vuestra Eternidad”.

En su carácter de “imagen de Dios”, el emperador exigía adoratio, adoración. La despiadada etiqueta de la corte obligaba no sólo a sus propios súbditos sino también a los enviados extranjeros a postrarse en presencia del emperador. Liutprand, obispo de Cremona y autor de varias importantes obras históricas, fue embajador del rey de Italia ante la corte de Bizancio. Al principio rehusó postrarse ante ningún ser humano, pero al fin se vio obligado a ceder. En el informe de su embajada describe el acto de presentación de sus credenciales.