Back Historia de la estupidez humana
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

Una guardia de honor escoltó a Daniel hasta Leghorn, desde donde una nave debía llevarlo a Marsella. Daniel se mostró muy generoso. Distribuyó trescientos táleros entre los soldados, regaló una cadena de oro al comandante de la tropa, y le entregó una carta que debía poner en manos del Gran Duque. Y la misiva decía:

“¡Alteza serenísima! No podré pagaros las múltiples mercedes con que me habéis abrumado como no sea mediante una franca confesión. En caso de que Vuestra Gracia se proponga continuar la fabricación de oro, debo prevenirle que jamás obtendrá más oro que la cantidad contenida en el Usufur. Mi intervención en el asunto se limitó a reducir un poco de oro puro al estado de polvo, y a venderlo en cierta mezcla a los farmacéuticos. Una vez consumido el polvo, Vuestra Gracia no podrá fabricar más oro. Ruego a Vuestra Gracia que me perdone el engaño; las amabilidades que ha sabido dispensarme, quiera el Señor recompensárselas de un modo o de otro. Y os pido un último favor: el reconocimiento de que he sido moderado, y no llegué a engañaros más cruelmente aún. Y antes de despedirme, dejadme deciros que no soy transilvano, sino italiano; tampoco me llamo Daniel, sino de otro modo. Deseándoos la mejor salud, y recomendando a Vuestra Gracia a la infinita piedad de Dios, se despide Vuestro Obediente Servidor, el descubridor del Usufur.”

Una vez que pasó el primer ataque de indignación, el Gran Duque tomó a broma la impostura… o por lo menos, así lo afirma el cronista de la época. Sea como fuere, no cabe duda de que Europa entera festejó el engaño.

El caso del crédulo Gran Duque nos mueve a risa, y estamos seguros de que nada semejante podría ocurrir en la época moderna. Pero el alquimista prospera en el siglo XX con la misma frecuencia y goza de idéntico prestigio. Por otra parte, encuentra tontos y víctimas tan fácilmente como “Daniel de Transilvania” hace dos siglos. Uno de los más atrevidos y exitosos “fabricantes de oro” operó en Alemania poco antes del régimen de Hitler. Heinrich Kurschildgen era un joven de escasa educación, obrero de una fábrica de tinturas… hasta que cierto día decidió convertirse en inventor. Equipó un pequeño taller, al que dio el nombre de laboratorio, obtuvo dos patentes, y sobre tan frágil fundamento levantó un sorprendente edificio de realizaciones imaginarias.