Back Historia de la estupidez humana
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

El tercer paso consistió en ir a Florencia y solicitar audiencia al Gran Duque. Sabía que el amo de Toscana era apasionado creyente en la alquimia. Daniel reveló que había hallado el secreto de la fabricación del oro, y lo ofreció al duque. Sólo pedía, en cambio, 20.000 ducados de oro; y ello sólo en caso de tener éxito. La oferta parecía razonable, y el Gran Duque la aceptó; sólo exigió que se realizara primero una “prueba”. Daniel se prestó gustoso. Fue llevado al laboratorio privado del duque, e inmediatamente comenzó la gran operación. Fundió y mezcló cobre y estaño; agregó cierto misterioso polvo a los metales fundidos, y enfrió la mezcla y mostró a todos la amalgama: era oro. El orfebre de la corte examinó el resultado y declaró que la mezcla de cobre y de estaño se había convertido realmente en oro. Y entonces Daniel reveló el gran secreto: su panacea universal, el usufur, había logrado el milagro. Y podía conseguirse usufur en la tienda de cualquier farmacéutico. El Gran Duque envió inmediatamente mensajeros a varias farmacias, elegidas al azar; él mismo fundió los metales y realizó la mezcla, y todos las pruebas dieron el mismo resultado: en la retorta aparecía oro.

Daniel de Transilvania se vio abrumado de honores. Fue alojado en el palacio ducal, se sentó a la mesa del duque, y dos chambelanes y cuatro valets recibieron orden de atender a su servicio. Cuando salía del castillo, seis guardias acompañaban el carruaje… lo cual, si bien se mira, era merecido honor para tan grande hombre. El Gran Duque se sintió incapaz de controlar su exuberante felicidad; y resolvió que en adelante él mismo se ocuparía en fabricar su propio oro. Tan conmovido estaba ante su buena fortuna, que depositó una calavera sobre el escritorio de su estudio, para que le recordara constantemente que todo ser humano es mortal, poniendo freno así a su propio exceso de confianza y de orgullo.

Daniel de Transilvania había cumplido su parte del acuerdo, y comenzó a insinuar indirectas sobre los 20.000 ducados. Dejó entrever que debía dar dote adecuada a sus hijas. También solicitó una breve licencia, pues debía arreglar ciertos asuntos familiares en Francia. Se le concedió la licencia y se le pagó el dinero. El Gran Duque agregó algunos preciosos dones: diamantes, un vaso de jaspe, una cadena de oro y rubíes. Y prometió que a su retorno Daniel sería nombrado canciller de Estado, recibiría un palacio y se le tratarla como hermano. Y en ese papel, Daniel debía considerar como propio todo lo que el Gran Duque poseía. (Excepto la Gran Duquesa, agrega cautamente el cronista de la época.)