Chapters (59)
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
¿Cuál era el secreto de los Richthausen y de los Seyler… y de otros muchos? Un ardid extremadamente hábil, cuyo éxito se debía exclusivamente a que se hacía víctima de él a gente que quería creer, que estaba muy dispuesta a dejarse engañar. He hallado el relato circunstanciado de una de estas imposturas, y por ella podremos quizás explicarnos el mecanismo de las restantes. El relato aparece en un folleto publicado en 1649 y reimpreso en 1655, bajo el siguiente título: Usufur, ein List- und Lustiger Betrug (Usufur- un astuto y divertido engaño). Su héroe fue un personaje que se presentó bajo el nombre de Daniel de Transilvania; su víctima, el Gran Duque de Toscana.
Este Daniel comenzó su carrera como charlatán en la ciudad de Padua. Ciertamente, llama la atención que un farsante pudiera instalarse a la sombra de la Universidad de Padua y reunir dos mil ducados de oro en poco años. Según parece, ayudaba realmente a sus enfermos, lo cual no debe sorprendernos, porque en aquellos tiempos llamar a un médico equivalía a evocar la sombra del Ángel de la Muerte. Un médico experto, conocedor de su arte, empezaba por sangrar, aplicaba lavativas, ponía sanguijuelas y administraba eméticos; y una vez que había logrado debilitar al paciente, le hacía tragar las más atroces medicinas, de modo que el torturado “sujeto” perdía todo deseo de vivir. En cambio, las píldoras de maese Daniel eran absolutamente inofensivas, y no perturbaban el pacífico trabajo terapéutico de la Naturaleza.
Pero el charlatán de Padua alimentaba más elevadas ambiciones. No lo satisfacía el lento desarrollo de su fortuna. Preparó los detalles de su gran impostura con el cuidado que un buen general habría puesto en el plan general de una gran campaña. En primer lugar, difundió la noticia de que había descubierto un misterioso polvo de inigualada eficacia. Se trataba del famoso usufur. No se ocupaba personalmente en la venta; lo suministraba a los farmacéuticos y luego indicaba a los pacientes que lo compraran en los negocios. Las infinitesimales cantidades de usufur no podían perjudicar a los enfermos; por consiguiente, a menudo curaban. La fama de la nueva droga maravillosa se difundió por toda Italia. Daniel se negó a satisfacer encargos y pedidos que no provinieran de los farmacéuticos florentinos… y ése fue el segundo paso de su cuidadoso plan.