Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

Los Habsburgo se hallaban particularmente interesados en la alquimia. El emperador Rodolfo, que prefería residir en Praga y no en Viena, buscaba en sus ratos de ocio el Elixir de la Vida y el Elemento Esencial. Tenía a su servicio una docena de alquimistas, y para ellos construyó una hilera de casitas en el Hradsin, el castillo medieval que se elevaba sobre la ciudad de Praga. Eran tan pequeñas que parecían celdas o jaulas. Contábase que si un alquimista incurría en el desagrado del Emperador, se lo arrojaba desde las almenas sobre las afiladas rocas de la ladera… y que varios sufrieron esa ingrata muerte.

La emperatriz María Teresa era una mujer inteligente; emitió un decreto en virtud del cual se prohibía la fabricación de oro en sus dominios. Pero sus sucesores no siguieron tan discreto ejemplo. Corría ya el año 1860, cuando la corte de Viena cayó en el lazo que le tendieron tres estafadores internacionales. Parece casi increíble, pero la verdad es que durante dos años enteros estos sujetos trabajaron en la Casa de Moneda imperial, bajo la supervisión de los profesores del Instituto Tecnológico de Viena. ¡Habían prometido convertir cinco millones de guldens de plata en oro por valor de ochenta millones! La administración de la Casa de Moneda ya había preparado el presupuesto de la “fábrica de oro” proyectada, cuando al fin la Corte Imperial recuperó el sentido. Se expulsó a los impostores, se concedió el retiro al director de la Casa de Moneda y todos los documentos relativos a la ridícula aventura fueron escondidos en los archivos secretos. Allí fueron hallados en 1919, después del derrumbe de la monarquía austrohúngara, y publicados para sorpresa y diversión de la misma gente cuyos abuelos habían debido pagar el costo de esta gigantesca locura.

Durante mil años ardió el fuego en los hornos misteriosos de los alquimistas, durante mil años los gobernantes codiciosos persiguieron la quimera del oro artificial. Lo único que obtuvieron fueron algunas curiosidades conservadas en los estantes de los museos. Jamás se formularon una simple y elemental pregunta: ¿por qué el poseedor de tan vital secreto lo ofrecía a otros, en lugar de reservarlo para su único y exclusivo beneficio? Les hubiera bastado “fabricar” unos pocos centenares de barras para comprarse un ducado o un pequeño principado.