Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

A principios del siglo XVIII arraigó en Génova la institución de los cicisbeos. En esencia, se trataba del derecho de la dama noble a tener no uno sino varios galanes, que le prodigaban las indispensables atenciones personales. Si la dama tenía varios caballeros, éstos se dividían celosamente las responsabilidades. Uno la asistía en el tocado matutino, otro la acompañaba a la iglesia, el tercero la sacaba a pasear, el cuarto la escoltaba en las fiestas, el quinto aseguraba los placeres de la mesa, el sexto manejaba las finanzas de la señora. Se consideraba que estos deberes constituían los más dulces privilegios. Tanto se difundió la moda, que al cabo de cierto tiempo se estimó verdadera desgracia que una dama no tuviera un cicisbeo, o que un hombre de cierto rango no consagrara la mayor parte de su tiempo a esas tareas.

La posición del esposo se parecía bastante a la que tuvo durante la época de la caballería; estaba obligado a aceptar al admirador de su esposa… y hacerlo de acuerdo con ciertas formalidades solemnes y públicas. La diferencia consistía sólo en que el caballero medieval rara vez veía a su señora, mientras que el cicisbeo rara vez se apartaba del objeto de su amor. En circunstancias ordinarias, el esposo no formulaba objeciones a esta compañía permanente; pues los cicisbeos se mostraban más celosos unos de otros que lo que podía estar el marido de su mujer. Eran guardianes muy eficaces. Podían presentarse inconvenientes sólo cuando había un solo cicisbeo; pero después de todo lo mismo ocurre en cualquier época cuando el galanteo pasa a mayores. Y a menudo sucedía lo mismo que en el Frauendienst medieval: el propio esposo se convertía en cicisbeo de otra dama casada.

La institución del cicisbeo se distinguía de las relaciones comunes, más o menos públicas, más o menos toleradas, en que estaba organizada y legalizada; pues cuando se discutían los contratos matrimoniales, uno de los aspectos importantes del acuerdo era el número de cicisbeos que podría aceptar la futura esposa. Desafiar la tradición hubiera sido fatal… tan fatal como oponerse a los dictados de la moda. En toda la historia de Génova sólo se conoce el caso de un hombre valeroso que se atrevió a adoptar esa actitud: el marqués Spinola, a quien la muy vulgar pasión que experimentaba por su prometida le movió a insistir que se incluyera en el contrato una cláusula contraria a la venerable costumbre. Exigió franca y desvergonzadamente que, mientras durara el matrimonio, la esposa no aceptara ningún cicisbeo; por su parte, se comprometía a no asumir ese papel en el servicio de ninguna mujer.