Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

Además, el método era mucho más agradable que el de Cornaro, que pasó toda su ancianidad con dos yemas de huevo diarias.
Pero, ¿quién era este Hermippus? ¿Dónde vivió? ¿Y cuándo? Y, sobre todo, ¿cómo aplicó la cura del aliento rejuvenecedor?
Los arqueólogos poco se preocuparon por la solución del misterio; sólo les interesaba descifrar la inscripción.
Heinrich Cohausen, médico de Münster, dio la respuesta en su famosa obra, Hermippus redivivus, publicada en numerosas ediciones y traducida a varias lenguas. (La edición original fue publicada en latín, en la ciudad de Francfort, el año 1742. La edición alemana popular llevaba este título: Der wieder lebende Hermippus oder Curiöse Physicalisch-Medizinische Abhandlung von dér seltenen Art sein Leben durch das Anhauchen Junger Mágdchen bis auf 115 Jahr verlangern aus einer Römischen Denckhmahl genommen, aber mit medizinischen Gründen befestiget etc. von Joh. Heinr. Cohausen, ietzo aus d. Latein übersetz. Gedruckt in der alten Knaben Buchdruckerey, Sorau, Hebold, 1753. (Hermippus redivivo, o un extraño ensayo físicomédico sobre el curioso método destinado a prolongar la vida hasta la edad de 115 años mediante el aliento de jóvenes doncellas, tomado de un monumento romano, pero apoyado con razones médicos, etc. por Johann Heinrich Cohausen, y ahora traducido del latín.)
De acuerdo con el doctor Cohausen, el caso de Hermippus era bastante verosímil. Pues la ciencia (como el autor lo demuestra con acopio de citas) considera que el aire que los pulmones expelen está saturado de toda suerte de emanaciones y de átomos absorbidos en el interior del cuerpo, y producidos por la sangre y por otros líquidos del organismo. De acuerdo con la experiencia, el aliento del enfermo es infeccioso, porque lleva la simiente de la enfermedad. Por otra parte, si esta premisa es cierta, también debe serlo la contraria; el aliento de una persona sana contiene elementos sanos, vigorizadores y, si dicho aliento es inhalado por otros, esos elementos ingresaran en la sangre, la refrescarán y acelerarán su circulación.
Todo esto era especialmente aplicable, continuaba el razonamiento, al caso de las muchachas jóvenes y sanas, No estaban tan alejadas del momento en que nacieron; es decir, del instante en que traen al mundo el más poderoso bálsamo vivificador, que después se agota paulatinamente, a medida que se desarrolla la vida de la mujer. No cabe duda de que el aliento y las exhalaciones de las muchachas poseen gran cantidad de este elemento esencial; y que el mismo, al entrar en el torrente sanguíneo del anciano, renueva su sangre cansada y gastada, y acelera el movimiento del pulso.
Naturalmente, el paciente debe seguir un sistema de vida adecuado y aplicar una dieta higiénica, pues en sí mismo el aliento de una joven no es suficiente para sostener al organismo… aunque es verdad, como lo afirman ciertos escritos misteriosos, que el aire contiene elementos nutritivos. Así, Plinio relata que en el extremo más alejado de la India viven hombres que carecen de boca. No comen ni beben, y se nutren con el aire que inhalan por la nariz, con el perfume de raíces y de flores, con el aroma de las manzanas silvestres. Hermolaus Barbarus menciona el caso de un romano que vivió del aire durante un período de cuarenta años. Olimpiodoros, el gran neoplatónico griego, habla de un hombre que vivió sin comer ni beber, sustentándose simplemente con los elementos nutritivos del sol y del aire. Y todos los naturalistas conocen el ejemplo del avestruz, que vive exclusivamente del aire, con cuyo alimento algunos aún engordan (Cohausen olvidó citar el camaleón, el cual- de acuerdo con la creencia de los antiguos- también vivía exclusivamente de aire.)
Pero es preciso no extremar las cosas, pues los datos de ciertos autores no son muy fidedignos. Afírmase que un hombre a punto de morir puede reaccionar si se colocan algunas gallinas bajo el cuerpo del moribundo. Cuando el peso de su cuerpo ha provocado la muerte de las gallinas, el “espíritu vital” de las infortunadas aves pasa al organismo enfermo y lo revive. Tampoco es muy probable que las golondrinas, cuando abandonan los países septentrionales, se retiren a pasar el invierno a ciertas cavernas en la costa del mar, donde sobreviven sin comer ni beber hasta la llegada de la primavera. Según la misma versión, las golondrinas se mantienen muy juntas, y se alimentan mutuamente del “aliento vital”. Además, si fuera cierto que en España existen hombres conocidos bajo el nombre de salutatores, que curan curan las heridas soplando sobre ellas, dicha práctica no tendría nada que ver con la ciencia médica y debería considerársela magia negra.
El médico de la corte del obispo de Munster incluyó en su libro otras muchas citas. Menciona al humanista Marcilius Ficinus y al gran Bacom de Verulam; y resumiendo la opinión de los sabios, llega a la conclusión de que Hermippus había alcanzado realmente la edad de 115 años y 5 días. Sin duda, había llegado a tan madura ancianidad gracias al aliento de las jóvenes.
El doctor Cohausen también resolvió el enigma del m’todo seguido por el viejo romano para obtener durante tantas décadas la necesaria provisión de aire; después de todo, las muchachas se casan o envejecen, o sufren variadas vicisitudes. La respuesta era fácil: Hermippus había sido seguramente director de un orfanato. Para demostrar su teoría. El médico de Munster cita a Bacon, que en su libro Silva Silvarum publicó una observación en el sentido de que los retóricos y los sofistas consagrados a la enseñanza de la juventud, vivían todos hasta edad madura. Gorgias, Isócrates, Pitágoras… todos continuaron enseñando hasta edad centenaria, hazaña que debieron exclusivamente a la capacidad renovadora del aliento juvenil.
El libro del doctor Cohausen tuvo un éxito que no fue sólo literario. Cuando se publicó la edición inglesa, algunos médicos londinense aplicaron a sus pacientes el método de Hermippus. Por lo menos uno quiso realizar un experimento personal, y alquiló una habitación en un colegio de señoritas, con el fin de inhalar constantemente el aliento de las niñas.
Pero la bella burbuja estalló al poco tiempo.
El doctor Cohausen confesó que no tenía la menor intención de aplicar el método rejuvenecedor de Hermippus. Simplemente se había burlado del mundo con su exitosa mistificación científica. Quizás fastidiaban al inteligente médico las innumerables supersticiones que se disfrazaban de ciencia, y eligió esta forma para ridiculizar a los pomposos impostores. Y también es posible que no lo moviera ningún propósito particular, y que concibiera la broma sólo para divertirse.
Pero Bacon estaba en lo cierto cuando dijo que la juventud, la belleza, y la salud, si bien no transmitían el espíritu de la vida, por lo menos contenían la vida del espíritu, y por consiguiente rejuvenecían también al cuerpo. Naturalmente no era esta la juventud que perseguían tan tenazmente quienes soñaban con el Elixir de la Vida, pero aún sus débiles reflejos constituyen recompensa suficiente.