Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—¡De ningún modo! —exclamó.

Apagó la tele. Había apurado tanto el porro que casi le quemaba los dedos. Dio una última calada y fue a echar la colilla al váter. No le preocupaba la bofia, lo hacía porque a Jayne no le gustaba que fumase. El consideraba que la yerba era lo que le mantenía cuerdo. El Estado debería despacharla a través de la Seguridad Social para que los que estaban en sus circunstancias no se desmandaran.

Fue al baño a afeitarse para estar presentable cuando Jayne volviera del trabajo. Seguía tarareando «Captain Kirk». Era un disco estupendo; uno de los mejores. Pensó en Nic y en cómo los dos se habían hecho colegas. No se sabe nunca con quién vas a acabar congeniando. Desde los cinco años iban a la misma clase pero sólo al pasar a secundaria comenzaron a salir juntos y a escuchar a Alex Harvey y Status Quo tratando de discernir las letras que hablaban de sexo. Nic escribió un poema con centenares de versos sobre una orgía. Hacía poco que él se lo había recordado y se habían reído de lo lindo. De eso se trataba, de llegar al final del día riendo.

Se vio reflejado en el espejo con la cara llena de espuma y la maquinilla en la mano. Tenía bolsas en los ojos y patas de gallo. El tiempo pasaba. Jayne no dejaba de hablar de niños y del paso del tiempo. Pero la verdad es que no le apetecía ser padre; Nic le repetía que arruinaba la relación de pareja. Había tíos en su oficina que no habían vuelto a follar desde que habían tenido un crío; se pasaban meses y años sin hacerlo. Y la maternidad hacía que las mujeres se abandonaran. Nic arrugaba la nariz de asco.

«No es una perspectiva muy halagüeña, ¿eh?», decía Nic.

Él le daba la razón.

Había imaginado que al terminar los estudios trabajarían los dos juntos en una fábrica o algo similar, pero Nic le dejó de una pieza al decirle que iba a preparar un curso para el ingreso en la enseñanza superior. No habían dejado de verse, pero Nic a partir de entonces siempre tenía la habitación llena de libros, unos libros que él no entendía. Luego, Nic fue a Napier tres cursos seguidos, siempre con más libros y trabajos para hacer por escrito. Se veían algunos fines de semana, casi nunca en días laborables, y algún viernes por la noche iban a una discoteca o un concierto de Iggy Pop, Gang of Tour o los Stones en el Playhouse. Nic casi nunca le presentaba a sus compañeros a no ser que coincidieran en algún concierto. Un par de veces fueron a un pub, y una vez que él ligó con una, Nic le sacó del local agarrándole del brazo. «¿Qué diría Jayne?»

Porque entonces ya salía con Jayne. Trabajaban los dos en una fábrica de semiconductores. Él era encargado de la carretilla elevadora y la conducía de maravilla; le gustaba hacer alarde de ello girando como un loco alrededor de las compañeras, que se reían, diciéndole que estaba chiflado y que un día mataría a alguien. Pero apareció Jayne y aquello se acabó.