Back En la oscuridad Save as PDF
Chapters (46)
  1. PRIMERA PARTE
  2. 1
  3. 2
  4. 3
  5. 4
  6. 5
  7. 6
  8. 7
  9. 8
  10. 9
  11. 10
  12. 11
  13. 12
  14. 13
  15. 14
  16. 15
  17. SEGUNDA PARTE
  18. 16
  19. 17
  20. 18
  21. 19
  22. 20
  23. 21
  24. 22
  25. 23
  26. 24
  27. 25
  28. 26
  29. 27
  30. 28
  31. TERCERA PARTE
  32. 29
  33. 30
  34. 31
  35. 32
  36. 33
  37. 34
  38. 35
  39. 36
  40. 37
  41. 38
  42. 39
  43. 40
  44. 41
  45. 42
  46. AGRADECIMIENTOS

Pero lo que el tipo hacía era despedirse de alguien, y acto seguido se alejó caminando. Linford no se lo pensó dos veces; se bajó del coche y ya iba a cerrarlo cuando al recordar el pitido estridente del sistema de seguridad, optó por dejarlo abierto y olvidó coger el móvil.

Por su modo de andar, haciendo leves eses con los brazos caídos, pensó que el tipo iba borracho. Se metió en otro pub, del que salió minutos después a la puerta para fumarse un cigarrillo antes de seguir caminando; se detuvo a hablar con un conocido, y a continuación prosiguió más despacio sacando un móvil del bolsillo para contestar una llamada. Linford se palpó los bolsillos y vio que había olvidado el suyo en el coche. No tenía ni idea de dónde estaban y quiso hacer memoria de los pocos rótulos de calles que había visto. Otro pub. Tres minutos y salió otra vez. Se metió después por una callejuela y Linford aguardó a que girase a la izquierda para cruzar a buen paso hasta la otra esquina. En aquella zona todo eran viviendas con vallas altas y ventanas con visillos, con ruido de teles y de niños jugando, separadas por callejones oscuros que olían a orina, con pintadas de «Tranqui», «Okupas», «Bis». Más callejones; el hombre se detuvo y llamó a una puerta. Linford se escondió. Se abrió la puerta y el tipo entró rápido.

Linford se figuró que no se quedaría en aquella casa; era poco probable que fuese su domicilio, pues no llevaba llaves. Volvió a consultar el reloj y advirtió que también se había dejado el bloc en el asiento del coche con el móvil. Y el BMW estaba abierto. Se mordió el labio inferior y miró a su alrededor aquel laberinto de hormigón. ¿Sabría encontrar el camino de vuelta? Si lo lograba ¿estaría aún allí su preciado coche?

Bueno, Rebus estaba en camino, ¿no? El se figuraría lo sucedido y montaría guardia hasta su regreso. Retrocedió un par de pasos para ocultarse mejor y metió las manos en los bolsillos. Hacía un frío que pelaba.

Cuando el golpe llegó, silencioso y por la espalda, quedó sin sentido y cayó inconsciente al suelo.

34

Jayne se había marchado y esta vez de verdad. En casa de su madre no estaba. Se lo había dicho la vieja bruja: «Me dijo que se iba a casa de una amiga y que no le preguntara cuál porque era preferible que tú no lo supieras». Tras lo cual cruzó los brazos cerrándole el paso a su casa.

—Vale, gracias por ayudarme a salvar mi matrimonio —replicó Jerry cruzando el caminito del jardín.