Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—¿Han pedido un taxi?

Rebus vio a Derek Linford acompañar a Alicia Grieve a la salida. Era astuto: se congraciaba no con la viuda sino con la matriarca. Linford reconocía el poder cuando lo veía.

Dejaron transcurrir unas horas antes de ir a Ravelston Dykes a hablar con la familia.

—¿Qué te parece? —preguntó Linford.

A Rebus, por el tono, le dio la impresión de que se refería al BMW.

Rebus se limitó a encogerse de hombros. Habían conseguido entre los dos que les asignaran para aquel homicidio una sala en Saint Leonard, la comisaría más próxima al lugar del crimen. No era todavía un caso de homicidio pero sabían que se daría curso a la investigación en cuanto tuvieran los resultados de la autopsia.

Habían llamado a Joe Dickie y a Bobby Hogan y Rebus se había puesto en contacto con Grant Hood y Ellie Wylie, que se habían prestado a colaborar en el caso de Mojama. «Será un reto», dijeron cada uno por su lado. Tendrían que contar con la aprobación de los jefes, pero Rebus no pensaba que hubiera problemas y propuso a Hood y Wylie que elaboraran juntos un plan de ataque.

—¿A quién tenemos que presentar los informes de las investigaciones? —preguntó Wylie.

—A mí —dijo él cuidándose de que Linford no le oyera.

El BMW redujo a segunda al aproximarse al semáforo en ámbar. De haber ido él al volante casi seguro que habría acelerado antes de que se pusiera rojo. Puede que yendo solo, no, pero si hubiese llevado a alguien, lo habría hecho para impresionar. Y apostaría algo a que Linford también lo hacía. Además de detenerse ante el semáforo, Linford puso el freno de mano y se volvió hacia él.

—Era analista de inversiones, candidato laborista y miembro de una familia prominente. ¿Tú qué dices?

Rebus volvió a encogerse de hombros.

—Yo simplemente he leído los artículos de prensa; igual que tú. La gente no siempre está de acuerdo con el método de nombramiento de los candidatos.

—Algún rencoroso, quizá —añadió Linford asintiendo con la cabeza.

—Lo averiguaremos. Quién sabe si no fue un atraco que acabó mal.

—O se trata de alguna historia extramatrimonial. Rebus le miró y vio que fijaba la atención en el semáforo con los dedos sobre el freno de mano.

—A ver si los de la científica hacen un milagro.

—¿Recogiendo huellas dactilares y fibras? —comentó Linford escéptico.

—Como había mucho barro, es posible que encuentren huellas de pisadas.

El semáforo se puso verde y, sin coches delante, el BMW cambió rápidamente de marchas.

—El jefe ya me ha informado —dijo Linford; Rebus supo que no se refería a ningún mando intermedio sino al superior del comisario—. Colin Carswell, el ayudante del jefe de policía de Fettes quiere formar un equipo especial, algo de gran calibre.

—¿Con la Brigada Criminal?

Linford se encogió de hombros.

—Algo selecto. No sé lo que tiene en mente.

—¿Tú que le has dicho?

—Que estando yo encargado no tiene por qué preocuparse.