Contents ( 3)
20
Comieron en el Pataka's de Causewayside. Ella le preguntó por su hija y Rebus le explicó que estaba en el sur en tratamiento con un fisioterapeuta, pero que no había novedades dignas de mención.
—¿Pero se recuperará?
Hablaban del atropello de Sammy; el conductor se había dado a la fuga. A consecuencia de ello, su hija estaba en una silla de ruedas. Rebus asintió con la cabeza sin decir más por no tentar al destino.
—¿Cómo está Patience?
Rebus se sirvió más lentejas aunque ya había comido bastante y Siobhan repitió la pregunta.
—Curiosilla sinvergüenza —replicó él.
Ella sonrió recordando que la mendiga le había dicho lo mismo.
—Perdona, creí que, por la edad, empezaba a fallarte el oído.
—No, te he oído perfectamente —dijo él levantando un tenedor con lentejas pero sin llevárselo a la boca; lo dejó en el plato.
—A mí me pasa lo mismo —dijo Siobhan—. Como demasiado en los restaurantes indios.
—Yo como demasiado siempre.
—¿Así que habéis roto? —preguntó Siobhan tapándose la cara con el vaso de vino.
—Amigablemente.
—Lo siento.
—¿Cómo deseabas que rompiésemos?
—No, lo digo porque parecíais... —dijo mirando el plato—. Perdona, no digo más que tonterías. A ella sólo la conozco de tres o cuatro veces y me pongo a pontificar.
—No te pareces en nada a un pontífice.
—Te agradezco que lo digas —dijo ella mirando el reloj—. No está mal, dieciocho minutos sin hablar de trabajo.
—¿Es una nueva marca? —comentó él apurando la cerveza—. De tu vida privada casi no hemos hablado. ¿Has vuelto a ver a Brian Holmes?
Siobhan negó con la cabeza y miró inquieta a su alrededor. Había otras tres parejas y un matrimonio con dos hijos. Sonaba música étnica a un volumen que no impedía hablar, aunque garantizaba la intimidad de la conversación.
—Le he visto un par de veces desde que dejó el Cuerpo y luego he perdido su rastro —respondió ella encogiéndose de hombros.
—Según me dijeron, se marchó a Australia con idea de quedarse —dijo Rebus apartando comida hacia el borde del plato—. ¿Tú no crees que deberíamos tratar de investigar si hay relación entre Supertramp y Queensberry House?
Siobhan imitó el ruido de una chicharra y volvió a mirar el reloj.
—Veinte minutos. Has defraudado al equipo, John.
—Venga ya.
—Puede que tengas razón —dijo ella recostándose en el asiento—. Pero el jefe sólo me da un par de días más.
—Bueno, ¿qué otras pistas tienes?
—Ninguna —respondió ella—. Sólo un montón de chalados y cazafortunas que no me sirven.
Apareció el camarero para preguntarles si querían más bebida. Rebus miró a Siobhan.
—Yo he venido en coche —comentó él—, pero tú puedes pedir.
—Bueno, pues tomaré otro vaso de vino blanco.
—Y otra cerveza para mí —dijo Rebus señalando la vacía al camarero—.Sólo es la segunda que tomo y no se me nubla la visión hasta la cuarta o la quinta —añadió para Siobhan.
—Pero habías bebido antes. Lo olí.
—¡Bien por los caramelos de menta extrafuertes!... —farfulló Rebus.