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A Rebus le pareció notar un aumento del pitido del electrocardiógrafo y vio que el médico instalaba al enfermo de espaldas. Se le había desprendido un electrodo.
—Déjeme en paz —farfulló Ure mientras su esposa cruzaba los brazos enfurruñada. Ure dio otro sorbo al zumo y reclinó la cabeza en las almohadas mirando al techo.
—Pregunte lo que sea —dijo de nuevo.
De pronto, Rebus sintió un ápice de compasión por el hombre, surgido del vínculo común con el enfermo en un destino mortal y en un pasado cargado de remordimientos. En aquel momento el único enemigo de Archie Ure era la muerte, una certeza capaz de cambiar la conciencia de un individuo.
—Es una simple suposición —prosiguió sin apresurarse centrando exclusivamente el diálogo entre él y el hombre que yacía en la cama—, pero si un promotor cuenta en la Comisión de Urbanismo con alguien de confianza cuya decisión sea decisiva, y si ese concejal tuviera previsto presentarse al Parlamento escocés... Bien, suponiendo que saliera electo..., teniendo una experiencia de más de veinte años en el Departamento municipal de Urbanismo, lo más probable es que le designaran para ese cargo. El Ministerio de Urbanismo de Escocia es un puesto de enorme poder. Poder para aprobar o no proyectos de muchos millones de libras. Además de la experiencia que faculta para saber las zonas que van a tener subvenciones, dónde se va a ubicar tal fábrica o unas viviendas... Para un promotor eso es de suma importancia. Tan importante quizá como para llegar al crimen...
—Inspector... —terció el abogado, pero Rebus acercó la silla cuanto pudo a la cama para enfrentarse a Ure de hombre a hombre.
—Escuche, a mi entender, hace veinte años el topo de Bryce Callan era usted. Al marchar Callan al extranjero cedióla gestión a su sobrino. Hemos comprobado que Barry Hutton dio con una mina de oro al principio de entrar en el juego. Usted mismo ha dicho que un promotor es un jugador. Pero todos sabemos que la única manera de hacer saltar la banca es con trampas. Barry Hutton hacía trampa y usted era su informador privilegiado, señor Ure. Barry abrigaba grandes esperanzas con usted y cuando Roddy Grieve fue nombrado candidato cabeza de lista en lugar de usted, Barry no pudo tragarlo y decidió vigilarle y seguir sus pasos. Tal vez sólo con la idea de «persuadirle», pero Mick Lorimer se pasó de la raya —Rebus hizo una pausa—. Es el nombre del asesino de Roddy Grieve: Lorimer. Sabemos que Hutton lo contrató —añadió, notando que Siobhan se rebullía intranquila a sus espaldas... La grabadora recogía una afirmación que todavía no podían demostrar—. Roddy Grieve estaba borracho. Acababan de nombrarle candidato por su partido y fue a echar una ojeada a su porvenir. Lorimer debió de verle saltar la valla de las obras y siguió sus pasos. De ese modo, con Grieve fuera de juego, usted recuperaba el protagonismo —Rebus entornó los ojos con gesto inquisitivo—. Lo que no sé es la razón de este ataque cardíaco: ¿fue al saber que habían matado a un hombre, o al ver que Seona Grieve ocupaba el lugar de su marido y con ello echaba por tierra todos sus planes?