Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Queríamos hablar con el señor Hutton —dijo Grant Hood de entrada.

—Sí, naturalmente, pero comprendan que Barry está muy ocupado —dijo consultando el reloj–Ahora mismo le retiene una reunión y hemos pensado que quizá podría yo atenderles. Tal vez si me dijeran qué desean yo podría pasar la consulta a Barry.

Wylie estaba a punto de decir que le parecía una manera muy enrevesada de «atender», pero Graham ya había tomado la delantera pasillo adelante, tras indicar a la recepcionista que no le pasara llamadas durante un cuarto de hora. Wylie cruzó una mirada con Hood como queriendo decir: «Vaya gracia». Hood hizo una mueca para darle a entender que no convenía sulfurarle, al menos de momento.

—Pasaremos a la sala de juntas —dijo Graham franqueándoles la entrada de una sala en forma de L en una esquina del edificio.

Un enorme escritorio rectangular llenaba la mayor parte del espacio. Había vasos de agua, lápices y blocs de notas listos para celebrar alguna reunión, un enorme tablero sin estrenar para escribir con rotulador detrás de la mesa y, en el extremo, un sofá frente a un televisor con vídeo. Pero lo que más les impresionó fue la vista al este del castillo y de Princess Street y la Ciudad Nueva al norte, con la costa de Fife cerrando el horizonte.

—Disfruten de la vista ahora que aún es posible —dijo Graham—, porque hay en proyecto otra torre más alta ahí delante.

—¿Un proyecto de Hutton? —preguntó Wylie.

—Naturalmente —contestó Graham, indicándoles que se sentaran después de acomodarse él en la silla que presidía la mesa sacudiéndose en el pantalón motas inexistentes—. Bien, si son tan amables de ponerme en antecedentes...

—Mire, es algo muy sencillo —dijo Grant Hood arrimando la silla—. La sargento Wylie y yo estamos investigando un asesinato —Graham enarcó una ceja y juntó las manos—, y parte de la indagación requiere que hablemos con su jefe.

—¿Podrían darme detalles?

Wylie tomó la alternativa.

—Realmente no, ¿sabe? En un caso como éste no hay tiempo que perder. Hemos venido aquí por simple cortesía, pero si el señor Hutton no nos recibe tendremos que citarle en comisaría —dijo encogiéndose de hombros al terminar.

Hood la miró y luego fijó la vista en Graham.

—Lo que dice mi colega es cierto. Tenemos autoridad para interrogar al señor Hutton quiera o no.

—Que quede claro que no es que se niegue —dijo Graham alzando las manos en gesto conciliador—. Lo que sucede es que está en una reunión y las reuniones a veces se prolongan.

—Hemos llamado previamente anunciando la visita.

—Muy atenta por su parte, sargento Wylie, pero es que hemos tenido un imprevisto relacionado con un negocio multimillonario. Son cosas que suceden a veces, y que requieren decisiones inmediatas porque hay millones en juego. Seguro que lo entienden...

—Sí, señor, pero ya ve que usted no puede ayudarnos en nada —dijo Wylie—. Usted no trabajaría con un tal Dean Coghill en 1978, ¿cierto? Me imagino que hace veinte años estaría aún en el colegio mirando las bragas a las chicas y con la cara llena de granitos como sus compañeros. Así que si el señor Hutton se digna comparecer... —añadió mirando hacia la cámara de un rincón del techo— le quedaríamos agradecidos.