Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

El vaso le había pasado rozando y él se sacudió un hielo medio derretido del brazo.

Lorna se levantó de pronto del sofá y Rebus pensó que era costumbre de la pareja pelearse en público, por creerlo derecho inalienable de su condición de «artistas».

—Eh, vosotros —dijo una voz desde la puerta—, que no nos dejáis pensar. ¡Vaya insonorización! —era una voz cansina, fluida y lacónica. Peter Grief se acercó a la nevera y cogió una botella de agua—. Además, es la estrella del rock quien tiene que dar caña, no sus tíos.

Rebus y Peter Grief se sentaron en la sala de control mientras los otros subían al comedor en la otra planta. Acababa de llegar una furgoneta con bandejas de bocadillos y pasteles. Rebus tenía en la mano un platito de papel con un triángulo de pan de molde con pollo al curry, y Peter Grief, que rebañaba con el dedo la crema de un pastel, lo único que había comido aquella mañana, preguntó si no importaba que hubiese música de fondo porque a él le ayudaba a pensar.

—Aunque lo que suena es una mala mezcla de una de mis canciones.

Rebus comentó que había muy pocos grupos de tres músicos pero Grief se lo rebatió citando a Manic Street, Preachers, Massive Attack, Supergrass y otros seis.

—Y Cream, por supuesto —añadió.

—Sin olvidar a Jimi Hendrix.

Grief hizo una leve reverencia.

—Noel Redding; pocos bajistas ha habido como James Marshall.

Concluidas las sutilezas musicales, Rebus dejó el plato. —¿Sabes por qué he venido, Peter?

—Me lo ha dicho Hugh.

—Lamento lo de tu padre.

Grief se encogió de hombros.

—Un mal paso en la carrera de un político. Si se hubiera dedicado a lo mío... —sonaba como algo aprendido, una frase utilizada constantemente como defensa.

—¿Qué edad tenías al separarse tus padres?

—Era muy pequeño; no me acuerdo.

—¿Te criaste con tu madre?

Grief asintió con la cabeza.

—Pero ellos se veían a menudo. Ya sabe, «por el bien del niño».

—Pero algo así hace daño, ¿verdad?

—¿Usted qué sabe? —replicó Grief con cierta irritación alzando la vista.

—Yo dejé a mi mujer y ella fue quien tuvo que criar a nuestra hija.

—¿Y qué tal le va a su hija? —preguntó Grief. El enfado había dado paso a la curiosidad.

—Ahora, bien —dijo Rebus haciendo una pausa—. Pero entonces... no lo sé realmente.

—Mire, usted es un poli y no sé si todo esto no será un truco barato para que le hable de mis sentimientos como si se los contara a un abogado.

Rebus sonrió.

—Peter, si yo fuese abogado la pregunta que te haría a continuación sería: «¿Crees que necesitas hablar de tus sentimientos?».

Grief sonrió y dijo que sí.

—A veces me gustaría ser como Hugh y Lorna.

—Porque no se callan las cosas, ¿eh?

—Pues sí —contestó el joven con otra sonrisa desmayada.

Grief era alto y delgado, con el pelo negro, posiblemente teñido, peinado hacia atrás con un medio tupé. Su rostro era largo y anguloso, de pómulos marcados, y los ojos reflejaban angustia.