Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Señor Samuels, soy de la comisaría de Saint Leonard. ¿Podemos hablar?

—La esperaba —dijo mirándola con sus ojos azul claro—. Es por Christopher Mackie, ¿verdad? —añadió al tiempo que sonreía al ver la cara de sorpresa de ella, complacido por comprobar que aún contaban con él para algo.

Se sentaron en un rincón del bar. En el opuesto había una pareja de ancianos; él se había adormecido con la jarra de cerveza delante, en la mesa, y la mujer hacía punto.

George Samuels pidió un whisky con otro tanto de agua e hizo un gesto a Clarke dándole a entender que la invitaba a lo que quisiera, pero ella pidió un café. Apenas había dado un sorbo, le preocupó la idea de haberlo molestado. El tamaño del jarro debió llamarle la atención. También se arrepintió de no haber tenido en cuenta que la mujer de la barra había acabado con su contenido.

—¿Cómo sabía usted que vendría? —preguntó a Samuels.

El hombre se pasó una mano por la frente.

—Siempre imaginé que en Mackie había algo raro... Nadie va así como así a una caja de ahorros a ingresar semejante cantidad. ¿No le parece? —dijo alzando la vista del vaso.

—No me importaría probar —replicó ella.

—Veo que ha hablado con Valerie —comentó él sonriendo—. Eso es lo que ella decía. Siempre bromeábamos los dos al respecto.

—Si pensó que había algo raro, ¿por qué aceptó el dinero?

—Si no lo aceptaba yo, otro lo habría hecho —respondió Samuels abriendo los brazos—. Hace veinte años de eso y entonces no estábamos obligados a informar de un caso así a la policía. Aquel depósito me valió el nombramiento de director de sucursal del mes.

—¿Él le comentó algo sobre el dinero?

Samuels asintió con la cabeza. Había un algo de navideño en su pelo, y Clarke se imaginó jugando con él como si fuese nieve recién caída.

—Sí, claro, fue lo primero que yo le pregunté —contestó.

—¿Y él qué dijo?

Clarke dio un mordisco a una de las galletas que le habían servido con el café; era blanducha y grasienta.

—Me preguntó si era imprescindible comentarlo y al decirle yo que era simple curiosidad, me contestó que era de un atraco a un banco —se notaba que le complacía la mirada que ella le dirigió—. Nos echamos a reír, claro, porque hablaba en broma, yo podía averiguarlo por la numeración de los billetes.

Clarke asintió con la cabeza. Tenía la boca llena de una pasta pegajosa; la única manera de deglutir aquello era bebiendo algo y su única alternativa era aquel café. Dio un sorbo, contuvo la respiración y tragó.

—¿Y qué más le dijo?

—Explicó algo sobre una herencia, diciendo que había cobrado el cheque por la experiencia de ver junto tanto dinero.

—¿No le dijo dónde había cobrado el cheque?

—Lo más probable es que no me lo hubiera creído —respondió Samuels encogiéndose de hombros.

—¿Pensó usted que el dinero era..? —preguntó ella mirándole.

—Negro o algo así —respondió Samuels asintiendo con la cabeza—. Pero pensara lo que pensara, lo tenía delante y él estaba dispuesto a abrir la cuenta en mi sucursal.