Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

Rebus dijo que no.

—Era el mejor pub que había. Yo iba mucho allí. Y fíjese... ya ni existe. Ahora es un almacén de bricolaje. Está en la calle de su comisaría.

—Conozco el sitio —comentó Rebus asintiendo con la cabeza.

—Todo está cambiando —dijo Cafferty—. Quizá lo mejor, después de todo, fuera retirarse del juego. No sería mala idea —añadió llevándose el vaso a los labios y apurando el whisky.

Rebus respiró profundamente.

—¡Achísss! —exclamó exageradamente, estornudando sobre el pecho de Cafferty y comprobando el efecto en el blazer antes mirar a Cafferty a los ojos, que de haber sido dos pistolas no habrían dejado bicho viviente en el pub—. Me mentiste —añadió tranquilamente, alejándose de la barra en el momento en que el guitarrista terminaba de afinar el instrumento.

—¡Escupiré sobre su tumba! —gritó Cafferty apagando la música un instante y limpiándose las gotitas de saliva de la camisa—. ¿Me oye, Hombre de paja? ¡Bailaré sobre su puto ataúd!

Rebus cerró la puerta al salir y realizó una profunda inspiración de aire fresco nocturno. Se oía el jaleo de los jóvenes que volvían a casa. Apoyó la cabeza en un muro como si fuera una compresa refrescante para sus pensamientos en ebullición.

«Bailaré sobre su ataúd.»

Extrañas palabras en boca de quien está desahuciado. Siguió por Nicolson Street hasta los puentes, y desde allí a Cowgate, deteniéndose cerca del depósito de cadáveres a fumar un cigarrillo. Llevaba la bolsa con los panecillos y las salchichas, pero le parecía como si ya nunca más fuera a tener hambre. Tenía exceso de bilis en el estómago. Se sentó en un murete.

«Bailaré sobre su ataúd.»

Una giga, desenfrenada y torpe; sí, una giga.

Volvió a Infirmary Street y pasó de nuevo junto al Royal Oak, pero esta vez sin acercarse a los cristales. No se oía música; sólo una voz cantando.

Qué lentas discurrís, horas interminables

qué monótonos días tristes.

Qué rápido pasabais

cuando yo estaba con mi amada....

Era Cafferty de nuevo con otra canción de Burns. Cantaba con gusto y le daba sentimiento con aquel tono triste. Vio a Rab cerca del piano, con los ojos semicerrados, respirando con esfuerzo. Era dos hombres recién salidos de la cárcel: uno que agonizaba cantando y el otro, un desecho en libertad. Era totalmente absurdo.

Rebus lo sentía en el fondo de su corazón fracasado.

TERCERA PARTE

MAS ALLÁ DE LA NIEBLA

Pero la escarcha reluce como esperanza bajo el sol

aunque los músculos se agarroten, y la humedad helada

susurre: «Abandona el alcohol.

Hay cálidas sorpresas más allá de esa niebla».

ANGUS CALDER, Love Poem

29

Jerry entró en la oficina de empleo helado y calado hasta los huesos. Se le había acabado la crema de afeitar y había tenido que apañarse con jabón corriente, y, además, con la última maquinilla mellada que había en la bañera porque Jayne se había afeitado las piernas. Tenía dos cortes en la cara y uno de ellos aún sangraba. Aparte de que le escocía la cara de la ventisca, aunque nada más entrar él en la oficina, cómo no, se despejó el cielo y lució el sol. Edimburgo era una ciudad cruel.