Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

Un asesino a sueldo..., venganza. No acababa de verlo claro. A Roody Grieve no lo habían matado por ningún motivo relacionado con su vida social o profesional..., al menos Linford no había encontrado nada de ello. Sí, era de una familia de chiflados, pero aquel no era ningún motivo. ¿Por qué lo habían matado? ¿No estaría en el momento y el lugar equivocados y sorprendió a alguien? ¿O tenía algo que ver con el cargo a que aspiraba más que con su persona? Tal vez alguien que no quería que fuese diputado. Volvió a pensar en la esposa, pero lo descartó una vez más. No se asesina al cónyuge para poder presentarse como candidata al Parlamento.

Se restregó las sienes. Los que fumaban en la escalinata le miraban con curiosidad. Acabarían por decírselo a los de seguridad y sanseacabó. Se acercaba un coche, que paró al lado del suyo. El conductor tocó el claxon gesticulando en dirección a Linford, y éste vio que a continuación se bajaba y se acercaba a zancadas al BMW. Linford bajó el cristal de la ventanilla.

—Ocupa mi sitio, así que si no le importa...

—No veo ningún cartel de reservado con un nombre —replicó Linford mirando a su alrededor.

—Es el aparcamiento del personal y llego tarde a una reunión —dijo el otro mirando el reloj.

Linford miró hacia un lado y vio que una persona se subía a otro coche.

—Ahí tiene un sitio —dijo.

—¿Está sordo o qué? —replicó su interlocutor con cara de pocos amigos, apretando los labios y dispuesto a enzarzarse.

Linford se puso en guardia.

—¿Prefiere discutir conmigo en vez de ir a esa reunión? —le preguntó mirando el hueco que dejaba el otro coche—. Ahí tiene un buen sitio.

—Ese es el de Harley, que va al gimnasio durante la hora del almuerzo. Cuando él vuelva yo estaré en la reunión y ese sitio es suyo. Así que quite esta mierda.

—Quién fue a hablar, con un Sierra Cosworth...

—Se equivoca conmigo —dijo el hombre abriendo de golpe la puerta del BMW.

—Una condena por agresión será un borrón en su curriculum.

—Y usted va a disfrutar haciendo la denuncia con los dientes rotos.

—Y usted estará en una celda por agredir a un agente de policía.

El hombre se detuvo algo cortado. Su nuez resaltó prominente cuando tragó saliva. Linford aprovechó para sacar su documento identificativo y enseñárselo.

—Ahora ya sabe quién soy, pero yo no sé su nombre...

—Escuche, lo siento —dijo el hombre cambiando radicalmente de actitud y disculpándose sonriente—. No pretendía...

Linford sacó su bloc disfrutando del cambio de situación.

—Conocía la violencia en la carretera, pero la del aparcamiento es una novedad para mí. Tendrán que rehacer el código de la circulación para usted —dijo mirando al Sierra y apuntando la matrícula—. No hace falta que me diga el nombre, ya lo averiguaré yo por la matrícula.

—Me llamo Nic Hughes.

—Bien, señor Hughes, ¿está lo bastante tranquilo para que hablemos?

—Sin ningún problema. Es que tenía prisa —dijo señalando el edificio—. ¿Tiene algo que ver con...?