Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

Llamaron a Cafferty a la habitación diciendo que había un problema en el bar. Se vistió, bajó y se encontró a Rab en el suelo, sujeto por dos camareros y un par de clientes. A su lado, otro hombre con las piernas abiertas y la nariz rota, se sujetaba una oreja con la mano manchada de sangre y pedía a gritos que llamaran a la policía. Junto a él estaba su novia en cuclillas.

—Lo que necesita es una ambulancia —dijo Cafferty mirándole.

—¡Ese cabrón me ha mordido la oreja! Cafferty se agachó frente a él, le mostró dos billetes de cincuenta libras y se las metió en un bolsillo. —Una ambulancia —repitió.

La chica comprendió, se puso en pie y fue al teléfono.

Cafferty se acercó a Rab, se agachó delante de él y le agarró del pelo.

—Rab, ¿qué coñohas hecho? —dijo.

—Ha sido en broma, Big Ger —en los labios tenía sangre de la oreja del agredido.

—A los demás no nos divierte.

—¿Qué es la vida sin un poco de diversión?

Cafferty no le contestó.

—Mira, si te portas así no sé qué voy a hacer contigo —dijo marcando las palabras.

—¿Tanta importancia tiene? —replicó Rab.

Cafferty volvió a guardar silencio. Dijo a los hombres que le soltaran, y ellos obedecieron con recelo, pero Rab parecía incapaz de levantarse.

—Podrían ayudarle —dijo Cafferty con un fajo de billetes en la mano del que cogió unos cuantos para repartirlos—. Por la ayuda, y que esto no trascienda —no había destrozos en el bar, pero insistió en que lo aceptaran—. A veces hay cosas rotas que no se ven de entrada —le dijo al camarero al tiempo que invitaba a una ronda y le daba un pescozón a Rab.

—Ya es hora de irse a la cama, hijo —en la barra estaba la llave de la habitación de Rab y el personal del bar sabía que éste se alojaba en el hotel con Big Ger—. La próxima vez que quieras gresca búscala en otra parte, ;eh?

—Lo siento, Big Ger.

—Está bien, hay que ayudarse mutuamente, ¿verdad que sí, Rab? A veces es mejor utilizar el cerebro que la fuerza.

—De acuerdo, Big Ger. De verdad que lo siento.

—Bien, anda, vete. En el ascensor hay espejo; no se te ocurra darle un puñetazo...

Rab esbozó una sonrisa. Pasado el jaleo, era evidente que no podía tenerse de sueño. Cafferty le vio salir pesadamente del bar. Le apetecía un trago, pero no allí con aquella gente. Los dejaría a solas para que se desahogaran contándose y repitiéndose lo que había sucedido. Tenía en su habitación un minibar y bebería allí. Pidió disculpas haciendo un gesto con los brazos abiertos y siguió a Rab hacia el ascensor. Subieron los tres pisos en el estrecho confinamiento que recordaba el calabozo. Rab cerraba los ojos apoyado en el espejo mientras Cafferty le miraba impasible.

«¿Tanta importancia tiene?», había dicho Rab. Era precisamente lo que Cafferty se planteaba mientras subían.

27

Cuando Rebus llegó a Saint Leonard por la mañana dos agentes de uniforme comentaban la película que habían dado la noche antes por la tele.