Chapters (59)
- IMPRIMIR
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
El 10 de abril de 1756 el embajador austríaco se queja amargamente de que sus sirvientes- ¡vestidos de librea!- deben pagar cierto derecho de peaje si llegan a las puertas de Munich después del toque de queda. Pregunta si los lacayos del embajador bávaro en Viena están sometidos a la misma exacción. Recibe una respuesta afirmativa. De modo que el embajador austríaco decide amenazar con el despido a cualquiera de sus servidores que se demore fuera de su residencia… cuando viste la librea que le sirve de uniforme. La discusión de este problema insumió trece hojas de papel de oficio. Finalmente, el 30 de abril, el embajador informa el canciller austríaco, príncipe Kaunitz, que el Elector de Baviera ha renunciado graciosamente al pago del peaje. “No podría decir si este desenlace favorable fue resultado de mi firmeza tenaz o si el Elector deseaba demostrar los sentimientos personales que le inspiro o si constituye el reconocimiento de la diferencia que existe entre un representante imperial y el de un electorado”.
El 6 de abril de 1770, cuatro páginas para informar sobre los preparativos de la visita a Munich de una archiduquesa austríaca. Había obstáculos casi insuperables. El embajador austríaco exigía que la guardia de nobles que acompañaba a la archiduquesa pudiera cabalgar hasta el patio interior del palacio del Elector. El Elector se negó obstinadamente; la visitante podría ser acompañada solamente hasta las puertas del palacio. Y en esta ocasión de nada sirvió la tenacidad; el gobernante bávaro no cedió.
27 de marzo de 1778: Una conferencia, presidida por el Elector, para decidir un candente problema: si la cinta de la Orden bávara de San Jorge debía ser llevada sobre el hombro izquierdo o sobre el derecho. La conferencia se inclinó por este último criterio. El embajador se sorprendió mucho cuando, en la primera recepción de la corte después de la mencionada conferencia, el Elector llevó su propia cinta sobre el hombro izquierdo. El informe agregaba una circunstancia atenuante: “Sin embargo, Su Excelencia tuvo cuidado de llevar el Vellón de Oro en un lugar muy conspicuo”.
En la masa de informes, los problemas y las discusiones sobre cuestiones de precedencia ocupan un lugar prominente. Los enviados se aferraban a estos asuntos con desesperada tenacidad. No se avenían a ceder ni una pulgada de los privilegios debidos a sus respectivos amos. El principio fundamental era doble: obtener el homenaje debido al señor de cada cual, e impedir que el embajador o el ministro de otra corte gozara de los mismos privilegios.