Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

Quizás el lector recuerde la lucha más o menos semejante que Anton Karas, el famoso tocador de cítara de El tercer hombre tuvo que librar cuando quiso abrir una Heuriger (posada) en el suburbio vienés de Sievering. Invirtió todos sus ahorros en la aventura y solicitó una licencia. Pero tropezó con la oposición de la corporación de taberneros. “Si las autoridades permiten el funcionamiento del negocio de Karas”, declaró solemnemente la organización de patrones, “ello equivaldría a la aplicación en Austria del principio de libre empresa”.

¡Sin duda, una perspectiva terrible! Karas fue multado en 15 libras mientras se sustanciaba la apelación contra el primer fallo, que ordenaba el cierre del negocio. La Corte declaró: “La culpabilidad del acusado resulta probada por sus anuncios en diarios y por su propia confesión de que ha servido porciones de pollo frito con vino”. A pesar de esta espantosa confesión, Karas apeló a la Corte Constitucional, y entretanto continuó en su desafiante actitud de servir pollo y vino al mismo tiempo que tocaba el tema de Harry Lime.

Perdió la apelación. Otro tabernero del mismo distrito decidió retirarse y por una suma sustancial le vendió su licencia. Y entonces la unión de patronos taberneros pareció satisfecha… pues se había mantenido el sagrado principio del monopolio de la venta de pollo frito y vino.

La estupidez burocrática se esfuerza también por interferir en el funcionamiento de la Naturaleza. En Egipto, la señora Nazla el Hakim, directora de una escuela de El Cairo, llamó a todas las maestras y les espetó una conferencia. Después de criticar el trabajo, la apariencia general y la moral de sus subordinadas, dijo lo siguiente: “Puedo autorizarlas a tener hijos sólo durante el mes de junio. De lo contrario, se perturba el desarrollo normal del año escolar”.

El amor puede reírse de muchas cosas… pero no de las directoras de escuela. Y las maestras de El Cairo se vieron obligadas a vivir en constante temor, no fuera que la cigüeña demostrara hacia la directora menos respeto que el que las propias maestras debían expresar.

La burocracia tampoco cree en la justicia. Hace algunos años se incendió la casa del brigadier C. E. Hudson, en Chudleigh, Devon. El brigadier Hudson llamó a la telefonista y le pidió que enviara a los bomberos. Acudieron con mucha demora, y la casa resultó completamente destruida. ¿Qué había ocurrido? Como siempre, la burocracia. La telefonista sospechó que se trataba de una broma. De modo que telefoneó al sargento de la policía local. El buen hombre dormía profundamente. Al fin se levantó, se vistió, y fue en su coche hasta la casa. Cuando comprobó que el incendio era real, telefoneó al cuerpo de bomberos.