Back Historia de la estupidez humana
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

A veces el inspector de impuestos se convierte en personaje de una historia de Kafka, completamente divorciada de la realidad. Cierto ciudadano norteamericano descubrió, en el acto de llenar su planilla de impuestos, que el año anterior había pagado setenta y dos dólares de más, y pidió que se le acreditaran sobre el impuesto del año en curso. Pocas semanas después recibió un cheque de setenta y dos dólares, reembolsados por el gobierno. Ignorante de que la augusta Oficina de Impuestos Internos nada sabía del asunto, ingresó el cheque y gastó el dinero. El 15 de junio, con la factura de la segunda cuota del impuesto anual, recibió un aviso en el sentido de que se le habían acreditado setenta y dos dólares del pago efectuado el año anterior, de acuerdo con el pedido formulado por el propio interesado. Consciente de que llevaba al gobierno setenta y dos dólares de ventaja (y de que posiblemente era culpable de algo) escribió a su recaudador de impuestos internos, explicando detalladamente todo el asunto. Y pocos días después recibió la siguiente respuesta: “Estimado señor: Cuando se considere su declaración, su pedido de que se le acrediten setenta y dos dólares a su cuenta de este año por el exceso pagado el año anterior será casi seguramente rechazado”.
De todos modos, el caso anterior constituye una experiencia agradable comparada con la que vivió la señora Jean Stephens, de Saint John Wood, Londres. La señora Stephens era telefonista de un exportador del West End. Cierto día la mujer que limpiaba su departamento le dio una idea. La mujer dijo que muchas personas de su país (Irlanda del Sur) deseaban trabajar en Inglaterra. “Fundaré una agencia de servicio doméstico”, decidió la señora Stephens. Pero como no estaba muy segura del aspecto financiero del problema, pidió consejo a la oficina impositiva local. Preguntó lo siguiente: “Si encuentro un sitio apropiado y abro el negocio, ¿qué impuesto deberé pagar?” El empleado replicó que debería presentar una declaración de ingresos una vez iniciado el negocio. Entretanto, anotó la dirección de la señora Stephens.