Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

Me temo que el señor White está en un error. A riesgo de molestar a mis lectores norteamericanos, debo señalar que los británicos superan al hombre que redactó el cuestionario de Fort Monmouth. Todavía existen unas cuantas cosas en las que el Viejo Mundo es ligeramente superior al Nuevo, y el burocratismo es una de ellas.

Véase el caso del profesional que solicitó cupones de nafta durante la última guerra para viajar entre su casa y su oficina. Se rechazó la primera solicitud, y se indicó al peticionante que podía viajar en ómnibus. El hombre escribió nuevamente, señalando que el primer ómnibus partía de la zona a las 9 de la mañana, y que, por consiguiente, llegaría tarde al trabajo. Después de considerable demora, recibió un pequeño número de cupones. La carta adjunta decía:

“Después de examinar su pedido, se le han concedido X unidades que le permitirán utilizar su coche sólo para llegar hasta el lugar de trabajo; pues le advertimos que deberá regresar a su residencia por medio del transporte público.”

El profesional tragó saliva y preguntó si debía comprar un automóvil nuevo (imposible de obtener durante la guerra) cinco veces por semana. Pero no hubo respuesta a su pregunta.

El uso de petróleo o de nafta estaba reglamentado por centenares de párrafos, cláusulas y subcláusulas. Los empresarios de pompas fúnebres de Francia tuvieron que luchar solamente con la fórmula que les permitía calcular el costo de un funeral; sus colegas británicos hallaron que los carruajes donde se transporte el ataúd estaban clasificados como “vehículos comerciales”, empleaban nafta especialmente teñida de rojo, y en cambio los vehículos que transportaban a deudos y amigos eran “coches de alquiler”, que usaban nafta blanca. Y sólo a último momento se evitó que éstos fueran clasificados como vehículos de placer”.
Otro caso de burocratismo absurdo fue el del hombre de Kensington, Londres, que perdió una pierna a principios de la guerra. De acuerdo con los reglamentos, tenía derecho a una ración extra de jabón, de modo que presentó la correspondiente solicitud. A su debido tiempo recibió los cupones complementarios… por seis meses. Cuando pasó ese medio año, solicitó más cupones. Una comunicación oficial le indicó que podría obtenerlos si presentaba un certificado que atestiguara que aún carecía de la pierna.

El burocratismo es al mismo tiempo estúpido y pomposo, y tiende a atribuir gran importancia al secreto y a la reserva de las actuaciones. Las dos palabras: “secreto militar” han servido para disimular multitud de pecados y de ineptitudes en todas las guerras, de modo que hoy son ya ligeramente ridículas… especialmente desde que se transformaron en “secreto supremo” o en “altamente confidencial”.