Back Historia de la estupidez humana
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

“En la práctica médica a menudo observamos que los medios de expresión- el proceso de pensamiento- parece desplazar completamente los instintos, monopolizando o usurpando el lugar de éstos. El pensamiento es esencialmente una inhibición, y si domina la vida espiritual del individuo, puede determinar la parálisis total de las emociones. En este caso nos hallamos ya ante una condición patológica, relacionada con el sentimiento de la anormalidad y de la enfermedad, capaz de provocar sufrimientos y de obligar al hombre a negar una de las más importantes manifestaciones de la vida humana: sus emociones. Por lo tanto, es posible alcanzar la sabiduría por dos caminos: absteniéndose totalmente de pensar, y confiando exclusivamente en los instintos, o pensando, pero sólo para expresar el propio yo. En su condición de seres emocionales, todos los hombres son iguales, del mismo modo que sólo existen pequeñas diferencias anatómicas entre todos los miembros de la raza humana. Por consiguiente, el hombre estúpido es tal porque no quiere o no se atreve a expresar su propio yo; o porque su aparato pensante se ha paralizado, de modo que no es apto para la autoexpresión, de modo que el individuo no puede ver u oír las directivas impartidas por sus propios instintos”.

Toda actividad humana es autoexpresión. Nadie puede dar lo que no lleva en sí mismo. Cuando hablamos, o escribimos, o caminamos, o comemos, o amamos, estamos expresándonos. Y este yo que expresamos no es otra cosa que la vida instintiva, con sus dos fecundas válvulas de escape: el instinto de poder y el instinto sexual.

Los animales, los niños, los hombres primitivos se esfuerzan por expresar su voluntad y sus deseos sólo con el fin de satisfacer o de realizar su propia voluntad. El obstáculo fundamental y permanente que se opone a la realización de los deseos humanos, a la expresión de la voluntad humana, es la Naturaleza misma; pero en el transcurso del tiempo se ha desarrollado cierta instintiva cooperación entre la Naturaleza y el hombre, de modo que al fin ambos factores son casi idénticos, o, por lo menos, uno de ellos se ha subordinado completamente al otro.

La vida social del hombre y la vida cultural de la humanidad se han desarrollado de un modo extraño. La expresión de la voluntad y del deseo ha tropezado con dificultades cada vez mayores. De ellas, la primera y principal reviste carácter esencialmente ético. Pero expresar el deseo y la voluntad ha sido siempre necesidad fundamental y general del hombre, independientemente de las normas éticas a las que debió someterse. Digamos de pasada que dichas normas constituyen el fundamento de toda nuestra cultura. Pero, en esencia, todas las realizaciones culturales de la humanidad son expresiones de la voluntad humana; es decir, realizaciones de deseos humanos.