Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

Nadie negará que los funcionarios gubernamentales son seres humanos. Y no cabe duda de que la mayoría son excelentes esposos, padres afectuosos y buenos ciudadanos. Pero, sea cual fuere la edad del sujeto, o el país en que desempeñan sus funciones, tan pronto se apoderan de un escritorio y de un mueble para archivo de papeles le ocurre algo misterioso y terrible. La letra reemplaza al espíritu, el precedente anula a la iniciativa, y la norma se sobrepone a la piedad y a la comprensión. Hay muchas excepciones, pero cada una de ellas constituye la confirmación de la regla. Las oficinas gubernamentales son viveros de estupidez, y desempeñan el mismo papel que las aguas estancadas en el caso del mosquito anopheles. Es inevitable: aún el burócrata más inteligente sucumbe a la infección.

El papeleo oficial, símbolo de la burocracia, es casi tan antiguo como la humanidad. Los egipcios tenían una burocracia muy desarrollada; el imperio de Diocleciano, que ya se agrietaba por todas partes, se sostenía precariamente en pie gracias a una administración de fantástica complicación. Esos inocentes papeles han sido vestidura de tiranuelos y cadenas de la libertad y de la empresa privada. Thackeray concibió la teoría de que Hércules niño luchó contra montañas de papeles oficiales, no contra serpientes. Shakespeare lanzó sus dardos contra la “insolencia del burócrata”. Los romances de Voltaire satirizaron al mismo tiempo a sacerdotes y a políticos, pero el gran escritor reservó sus flechas más agudas para los “caballeros de la ignorancia, los paladines del papelerío, los campeones de la confusión”. Es decir, la burocracia.

A Dickens corresponde el mérito de haber identificado a la burocracia con la ineficacia y la estupidez. En la inmortal figura de Bumble creó el arquetipo del burócrata torpe y miope, y desde entonces el personaje ha hecho carrera. La cálida indignación de Dickens despojó al burócrata de toda su vanidad y autosuficiencia, aunque no lo mató, porque en realidad es inmortal. Carlyle se mostró más violento aún en su ataque a la burocracia, a la que odiaba tanto que a veces perdía todo sentido de la proporción (aunque también era capaz de mostrar sentido práctico). Enfurecido por las reglas y normas del Museo Británico, fundó con varios amigos una gran institución, la London Library, cuyos suscriptores podían llevar libros a casa (privilegio que la biblioteca del Museo Británico todavía niega a sus lectores).