Chapters (59)
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
“Deseaba que la gloria que emanaba de su propia persona se reflejara en los que le rodeaban, de manera que todos los nobles debían ser honrados, pero ninguno poderoso, ni siquiera su hermano o el Príncipe. Con este fin falló en favor de los pares el largo pleito que sostenían con los presidentes del parlamento. Estos últimos reclamaban el privilegio de hablar antes que los pares, y de hecho se habían posesionado de él. Luis decidió, en el curso de un consejo extraordinario, que en presencia del rey, y durante las sesiones de la Alta Cámara en su carácter de cuerpo judicial, los pares debían hablar antes que los presidentes, como si dicha prerrogativa se originara directamente en la presencia del monarca; y en el caso de las asambleas que no eran cuerpos judiciales, permitió la vigencia de la antigua costumbre.
“Con el fin de distinguir a los principales cortesanos, se idearon casacas azules, bordadas de oro y plata. Los hombres dominados por la vanidad consideraban señalado favor el permiso de usar estas prendas. Eran casi tan ansiadas como el collar de la orden de San Luis. Cabe mencionar, ya que aquí se trata de pequeños detalles, que entonces se llevaban las casacas sobre un jubón, adornado con cintas, y sobre esta casaca se ajustaba un tahalí, del que colgaba la espada. Alrededor del cuello se usaba también una suerte de cinta de encaje, y un sombrero con dos filas de plumas. Esta moda, que duró hasta 1684, prevaleció en toda Europa, con excepción de España y Portugal. Casi todos los países se enorgullecían de imitar a la corte de Luis XIV.
“Introdujo en su casa un sistema que todavía perdura (Voltaire escribía en 1752), reguló las jerarquías y funciones, y creó nuevos puestos para el servicio de su propia persona, entre ellos el de Gran Maestre del Guardarropa. Restableció las mesas establecidas por Francisco I, y aumentó su número. Doce de ellas estaban reservadas para los oficiales que cenaban en la presencia del rey, y se las tendía con el mismo cuidado y profusión que se puede observar en la mesa de muchos soberanos.”
“Creó nuevos puestos para el servicio de su persona”. La frase parece inofensiva y razonable. Pero en este caso Voltaire se expresa con excesiva moderación… o quizás con indispensable prudencia. (Dos capítulos de su libro debieron ser omitidos durante mucho tiempo.) Veamos un poco… ¿qué hay detrás de esta frase inocente? Asistamos al momento en que el rey despierta, y examinemos el caso desde el punto de vista del siglo XX.