Chapters (59)
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
Si la fabricación del oro, el redescubrimiento del inexistente secreto de los alquimistas, siempre halló esperanzados favorecedores, los tesoros perdidos (nuevos o antiguos) también fueron cebo de la credulidad. Esta antigua treta ha sido practicada una y otra vez. Uno de sus más hábiles exponentes en los últimos años fue un alemán del Báltico llamado Gerhard von Redziwski, que alegaba haber descubierto en Siberia gran cantidad de oro, y que organizó una compañía con el fin de explotarlo. Tenía también otro rubro comercial: persuadió a varios hombres de negocios alemanes para que financiaran una expedición a Prusia Oriental, con el fin de recuperar el oro del ejército ruso que, según se afirmaba, había sido arrojado a uno de los lagos Masurianos en el curso de la Primera Guerra Mundial. Sus víctimas estaban dispersas por todo el Reich, desde Saarbrücken a Neubabelsberg, y desde Neukoln a Grosslichterfelde; y Redziwski (que desapareció a tiempo) ganó indudablemente bastante oro, si no para sus crédulos fieles, por lo menos para sí mismo.
Una de las tentativas tragicómicas de convertir plomo en oro fue la que realizó Joseph Melville, hombre de ciencia de cierta reputación. Sus extraños experimentos fueron conocidos del público cuando un joven irrumpió en su laboratorio de Londres y le disparó varios tiros. Melville se arrojó sobre el agresor y consiguió desarmarlo. No acudió a la policía, y todo el incidente habría permanecido secreto si uno de los vecinos de Melville, que oyó los disparos, no hubiera armado escándalo. El asaltante fue arrestado; resultó ser el hijo de un rico hombre de negocios, propietario de una cadena de panaderías. Y durante el proceso salió a luz todo el asunto.
Después de muchos años de trabajo científico serio, Melville se había dedicado a la alquimia. Estudió las obras de los “fabricantes de oro” medievales y llegó a la conclusión de que no se habían equivocado al usar limaduras de hierro como materia prima. Esto constituía, sin embargo, la etapa final, y debía ser alcanzada gradualmente. El primer paso debía ser la transformación de plomo en oro. Sostuvo haber conseguido la transformación de plata en oro, pero consideraba que ese resultado carecía de importancia, y concentró todos sus esfuerzo en los experimentos con plomo. En 1926 pronunció una conferencia en la sociedad alquimista de Londres, y en ella exhibió un gran trozo de oro, explicando con cierto detalle cómo lo había fabricado… a partir del plomo. Entre el público se hallaba el señor Glean, el rico panadero, a quien impresionaron mucho las afirmaciones de Melville, y quien le ofreció formar una sociedad para dedicarse a la fabricación de oro… la cual, dicho sea de pasada, debía ser más provechosa que la de pan.