Chapters (59)
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
Los centenares de toneladas del oro de Salomón, los tesoros de Midas y de Creso, las manzanas doradas de las Hespérides, el vellón de Jasón… he aquí un hilo brillante que recorre las páginas de los anales precristianos. La riqueza de Fenicia, decía el rumor, se fundaba en el oro recibido de Hispania. Afirmábase que las naves fenicias retornaban con anclas de oro puro de sus viajes a Occidente, pues habían agotado las mercancías y debían canjear las anclas de hierro por otras del precioso metal.
En el siglo I a.C. Diodorus Siculus explicó esta edad de oro española. Afirmó que los nativos nada sabían del oro y no le atribulan valor; pero que en cierta ocasión había estallado en los Pirineos un pavoroso incendio de bosques, y que las llamas habían devastado regiones enteras, fundiendo el oro oculto en las montañas, el cual entonces fluyó cuesta abajo, en forma de arroyos del metal, con gran desconcierto de los bárbaros, que lo contemplaban por primera vez.
Pero los hombres estaban dispuestos a aceptar versiones más fantásticas aún. Muchos creían firmemente que los animales conocían también el valor del metal más apreciado y codiciado por la humanidad.
En su De Natura Animalium, Claudius Aelianus, el retórico romano que vivió tres o cuatrocientos años antes de Cristo, describió a los buitres que anidaban entre las rocas estériles de Bactria. Con sus garras duras como el hierro, estas aves sagaces separaban el oro del granito, y guardaban con celo feroz los tesoros que reunían, por temor a la codicia de los humanos.
Plinio el Viejo se mostró escéptico con respecto a estos animales legendarios. Pero en cambio presentó en su Historia Naturalis como un “hecho científico” el caso de las hormigas recolectoras de oro:
“Son muy admiradas las antenas de hormigas indias conservadas en el Templo de Hércules, en Eritrea. En la región septentrional de la India viven hormigas del color de los gatos; su tamaño es el mismo del lobo egipcio. Extraen el oro de la tierra. Lo acumulan durante la estación de invierno; en verano se ocultan bajo tierra para huir del calor. Entonces los indios roban el oro. Pero deben actuar con mucha rapidez, pues cuando huelen la presencia del ser humano, las hormigas salen de sus agujeros, persiguen a los ladrones y, si los camellos de éstos no son suficientemente veloces, destrozan a los intrusos. Tal la velocidad y el ánimo feroz que el amor al oro despierta en estos animales.” (Tanta pernicitas feritasque est cum amore auri. Historia Naturalis, XI, XXXXVI.)