Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

La historia del oro es la historia de la humanidad. Es también un importante ingrediente de la religión, desde el becerro de oro a las estatuas doradas cubiertas de joyas de las madonnas y de los santos. La Edad Media sombría y rígida personificó la idea del oro en el judío del ghetto, ser despreciado, a menudo maltratado y cuya condición era semejante a la de un paria; un ser, en fin, excluido de la comunidad, a quien los pintores flamencos del siglo XV reflejaron con ingenuo y venenoso odio. En aquellos siglos de tosquedad y rudeza el pueblo sentía supersticioso temor del oro y de su oculto poder; los alambiques de los alquimistas eran instrumentos de Satán. No existía auténtica comprensión del valor del oro; se lo condenaba a la esterilidad, y apenas intentaba multiplicarse y florecer, se lo perseguía con el hierro y el fuego.

Las primeras transacciones bancarias revistieron, a los ojos del hombre medieval, el carácter de magia pura, y los misterios del capital provocaron en él la misma inquietud que los fenómenos de cierta peligrosa alquimia. En aquella limitada edad del hierro, los judíos fueron los únicos poseedores del secreto áureo. Con la mágica llave del crédito abrieron los bazares de Oriente, y con las fórmulas de su álgebra dorada descifraron los misterios de la humanidad. Entre las poderosas murallas urbanas se levantaba el ghetto, sombrío, ominoso y extraño, con sus calles y pasajes estrechos y sinuosos; era como la montaña magnética de las Mil y Una Noches, que atraía hacia sí a las naves. Del mismo modo, el ghetto acumulaba los tesoros áureos por conducto de invisibles canales.

El orgulloso caballero golpeaba en medio de la noche a la puerta del ghetto, tras de la cual los parias del oro guardaban sus tesoros; un hombre de turbante de patriarca y oscuro caftán que le otorgaba apariencia sacerdotal, abría la puerta, lenta y cautelosamente. Era “Nataniel”, el mismo que, según aseguraban los gentiles, escupía sobre la sagrada hostia y crucificaba niños en Viernes Santo. Sin embargo, los gentiles acudían a “Nataniel”… porque necesitaban oro. Dentro de la casa, las sucias paredes exteriores se convertían en desconcertante espectáculo de belleza y esplendor. Ricas telas y vasos brillantes del Asia fabulosa, incienso indio, pesadas sedas… Detrás de las cortinas bordadas de extraña belleza, pálidas mujeres de grandes y húmedos ojos negros contemplaban al caballero que hipotecaba su tierra y su castillo por unas cuantas piezas de oro.