Back Historia de la estupidez humana
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

En cierta ocasión Federico el Grande nombró embajador en la corte de Versalles a un coronel, y el militar en cuestión tenía sólo una mano. La corte francesa quedó sumida en profunda perplejidad. Se les ocurrió que si nombraban embajador en Berlín a un hombre entero, el Rey de Prusia se reiría de los franceses. Se discutió y examinó el problema, hasta que al fin hallaron un diplomático que sólo tenía una pierna… que debió exclusivamente a esa deficiencia el nombramiento de embajador en la corte de Prusia.

Quizás se trata solamente de una anécdota, o de una invención satírica, pero la obra Some choice observations of Sir John Finett, Knight and master of the ceremonies, etc. (1565) incluye únicamente hechos relacionados con las curiosidades de la burocracia y del ceremonial. Sus “observaciones selectas” fueron publicadas sólo después de la muerte del autor; nunca pensó darlas a conocer, y escribió sus memorias sólo por placer personal.

Sir John se vio en graves dificultades con el obstinado embajador veneciano. El astuto italiano había sido invitado a cierto festival de la corte, pero antes de comprometerse, mandó buscar al maestro de ceremonias y pidió que le repitiera, palabra por palabra, el texto de la invitación enviada al embajador francés. Luego, insistió en que su invitación fuera redactada exactamente del mismo modo, sin omisión de una coma o de una mayúscula. Sir John aceptó y se marchó a casa, abrigando la esperanza de haber resuelto el problema. Poco después llegó otro mensajero, jadeante y excitado: el enviado veneciano deseaba saber si también estaría presente el representante del Gran Duque. Sí, replicó Sir John. En ese caso, dijo el mensajero, rogaba al maestro de ceremonias que le informara cuál de los dos (el representante del Gran Duque o el enviado de Venecia) recibiría PRIMERO la invitación, porque de ello dependía la asistencia del diplomático veneciano. ¿Qué podía hacer Sir John? Aseguró al representante de la República que él sería el favorecido.