Chapters (59)
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
El arquetipo clásico del humilde ciudadano que se defiende contra las fuerzas ciegas e intangibles de la burocracia es el buen soldado Schweik, el héroe cómico de nuestra época. Enfrenta a la estupidez con estupidez; pero la suya es una especie de idiotez inspirada, con la que procura asegurar su propia supervivencia. Y su astucia es mucho mayor que la de los héroes de Kafka, que luchan contra fuerzas ciegas identificadas por algunos críticos con la formidable burocracia de los Habsburgo, y por otros con el pecado original de la humanidad. Schweik sobrevive y siempre sobrevivirá, pues la burocracia no puede atrapar a un sujeto tan resbaladizo, ni envolver a un individuo cuya pasividad es expresión de la más cabal agilidad.
En nuestro mundo moderno Schweik tiene muchos descendientes y camaradas. Así, por ejemplo, una firma británica de fabricantes de muebles escribió a uno de sus clientes: “Señor: Después que usted nos envió su estimada orden por 20 sillones medianos de roble, la Junta de Comercio dividió la orden y aprobó la entrega de sólo diez unidades. Le rogaríamos que nos envíe otra orden por 20 sillones para que la Junta de Comercio la reduzca a la mitad y tengamos de ese modo la cantidad necesaria de unidades”. Y a una joven norteamericana que solicitaba un nuevo talonario de cupones de racionamiento, para reemplazar al que había perdido, se le pidió que relatara detalladamente lo que había hecho para hallar el anterior. Y respondió con magnífica sencillez: “Miré en todas partes”. Creo que esta mujer había heredado parte del espíritu inmortal de Schweik; lo mismo que el caballero norteamericano que introdujo mil cigarrillos en Dinamarca, a pesar de que los reglamentos sólo autorizan cincuenta por cada viajero. La noche antes de salir de Nueva York, este ingenioso turista encendió uno por uno los cigarrillos, aspiré una pitada y los apagó. Había hallado el punto ciego de la ley… la cual no prohibía la introducción de colillas de cigarrillos.