Chapters (59)
- IMPRIMIR
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
Los príncipes malayos de Sumatra se denominaban:
“Amo del Universo, Cuyo Cuerpo brilla como el Sol; a quien Dios ha creado tan perfecto como la Luna Llena; Cuyos Ojos brillan como la Estrella del Norte; Que, al elevarse, arroja sombra sobre todo Su dominio; Cuyos Pies huelen dulcemente…” etc.
En cuanto al atributo mencionado en último término, sabemos que Enrique IV de Francia era famoso precisamente por lo contrario; quizás por eso se contentaba con que se dirigieran a él con el simple apelativo de “Sire”.
El Cha de Persia, el Gran Turco o los maharajaes de la India exigían que sus respectivos nombres fueran seguidos de una florida hilera de pomposo títulos.
La manía de los títulos fue don de Asia a Europa. Floreció con particular lujuria en las cortes de los pequeños príncipes alemanes. Aunque parezca extraño, no era exactamente el gobernante quien promovía esta fiebre obsesiva; en realidad, se alimentaba sobre todo en la vanidad de la nobleza inferior y de los burgueses. Los príncipes gobernantes se contentaban con el título de Durchlaucht (Alteza Serena), aunque este título se convirtió posteriormente en otro más impresionante: Allerdurchlauchtigster (Alteza Serenísima). Los reyes exigían que, además, se les diera el título de Grossmachtigster (Muy Todopoderoso), sin duda un poco tautológico. Un Libro de Títulos (Titularbuch) publicado durante el reinado del emperador Habsburgo Leopoldo II declaraba que el emperador de Austria tenía derecho a ser llamado Unüberwindlichster (Muy Inconquistable). Su Majestad Imperial se arrogó el título durante dos breves años; como falleció antes de la declaración de la guerra contra la Francia revolucionaria, no presenció la burla que de su titulo hizo el Corso.
Más o menos a mediados del siglo XV se llamó a los condes Wohlgeborner (Bien nacidos), pero debieron esperar dos siglos hasta ascender a Hochgeborner (de alta cuna). Aunque parezca raro, cuando ambos se unían para formar Hochwohlgeborner (de buena y elevada cuna) indicaban un rango inferior… el de barón. Pero si se trataba de un “barón imperial”, el título se convertía en algo impresionante: Reichsfreyhochwohlgeborner (De buena, libre, alta e imperial cuna).
La “nobleza ordinaria” también siguió la moda de los gregüescos, que al principio insumían veinticinco anas de tela, hasta que la locura exhibicionista aumentó la longitud a ochenta, noventa y aún ciento treinta anas.
Samuel Baur, deán de Gotinga, en su obra Historische Memorabilien (Augsburgo, 1834) recogió las modificaciones sufridas por los títulos de nobleza en el trascurso de tres siglos. Es imposible traducir alguno de ellos. Podemos traducir los títulos de Ehrbar, Wohledler, Hocheler, Hochedelgeborner y Hochwohlgeborner, por “Honorable, Muy Noble, Muy Honorable, Muy Alto y Muy Noble, Muy Alto y Muy Honorable”… aunque no sea muy fácil pronunciarlos. Pero, ¿qué decir de Ehrenvester y de Gestrenger? El primero alude al que defiende su propio honor; el segundo tiene un acento profundamente servil, como si un siervo o súbdito se regocijara en la severidad de su amo.
De acuerdo con Baur, los títulos de nobleza evolucionaron así:
1446: Ehrbarer Junker. (Honorable noble: En realidad, Junker significa noble joven.)
1460: Gestrenger Herr (Amo severo a pesar de que el diccionario trae el significado de “gracioso”.)
1569: Ehrenvester. (En términos generales, “de elevados principios”.)
1577: Ehrenvester und Ehrbar. (Honorable y de elevados principios.)
1590: EdIer, ehrenvester und gestrenger Junker.
(Combinación de los tres títulos anteriores.)
1600: Wohledler, gestrenger, grossgünstiger Junker.
(Muy noble, de elevados principios y muy favorable.)
1624: WohledIer, gestrenger, vester und mannhafter grossgünstiger Junker, mächtiger Forderer. (Muy noble, de elevados principios, firme, viril, favorable, poderoso patrono.)
1676: Hochedelgeborner, WoNgeborner, gestrenger, vester und mannhafter, grossgünstiger Junker, mächtiger Förderer. (Más o menos lo mismo que el anterior, excepto el agregado de “elevado y noble nacimiento” y de “bien nacido”.)
1706: Hochwohlgeborner… y todo lo demás, como en 1676. (Una ligera modificación: la composición de la palabra que significa “de elevado y noble nacimiento”.)
1707: Hochwohlgeborner, gnädiger, etc. (Aquí se ha agregado “gracioso”.)
Como se ve, los mortales comunes tenían que tomar, aliento para dirigirse a los nobles. Y el uso constante empañaba la gloria de los títulos. Del mismo modo que las buenas amas de casa se sentían felices de poder comprar las ropas usadas de las damas nobles, los burgueses se apoderaban de los títulos desechados. El regidor urbano ingresaba en el consejo municipal con el título de Wohlgeborner (bien nacido), aunque fuera jorobado o rengo, incorporaban nuevos apéndices (propios de la casa media) a los títulos nobiliarios en desuso y alimentaban su propia vanidad con este plumaje de pavo real.
El Titularbuch, publicado a fines del siglo XVIII, trae instrucciones completas sobre el modo de encabezar cartas a personas de cualquier rango y función.
Quien se dirigía al alcalde de una ciudad libre del Imperio, debía comenzar así: “Al bien nacido, estricto, de elevados principios, de grande y eminente erudición, de grande y eminente sabiduría, Alcalde…
(Aquí las referencias a la erudición y a la sabiduría eran atributos particulares de la clase media.)
Un médico de la corte tenía también sus propios títulos: “Al médico de alta cuna, de gran experiencia y elevados principios, muy erudito N. N., famoso doctor en ciencias médicas, alto médico de la corte ducal”.
La imbecilidad de esta manía de los títulos se difundió por toda la sociedad de clase media… hasta los mayordomos y zapateros remendones.
Quien se dirigía a un estudiante universitario debía utilizar la siguiente fórmula: “Al noble y muy erudito Herr. N. N., que se aplica diligentemente a la sabiduría”. Los vendedores de libros, los fabricantes de pelucas y los joyeros exigían el adjetivo de “distinguido”. Un sastre era hombre “cuidadoso y de elevados principios” (Dem Ehrenvesten und Vorsichtigen Meister N. N., Schnider zu X.). Un fabricante de botas tenía idéntico derecho a ser llamado “cuidadoso”, pero cierto delicado matiz lo hacia “respetable” en lugar de hombre de “elevados principios”. El mayordomo ducal, que no era miembro de ninguna corporación, debía contentarse con el titulo de “bien nombrado” (Wohlbestalltet).
Las mujeres, naturalmente, no tenían derecho a tan sonoros y complicados títulos. En Alemania y en Austria se limitaban a apoderarse de un fragmento de las funciones, actividades o profesiones de sus esposos. Así, se convirtieron en Frau Doktor, Frau Professor, Frau General, Frau Rat (Consejero). Hasta cierto punto, esto era razonable. Pero una vez comenzada la infección, no hubo modo de atajarla. Y así aparecieron la señora Recaudadora de Impuestos, la señora Trompetera de la Corte, la señora Húsar de Cámara, la señora Guardabosque Montado, la señora Fabricante de botones para la Corte, la señora Armera Ducal y así por el estilo.
Y las damas, benditas sean, arraigaron firmemente en los títulos. El trascurso de los siglos no logró conmoverlas. Hacía mucho tiempo que la mayoría de los hombres había dejado de lado los ridículos títulos y condecoraciones, y ellas todavía se adherían tenazmente a los suyos. Hace veinticinco años los diarios de Munich publicaron cierto día las siguientes noticias fúnebres:
Frau Walburga T., 36, Steuerassistengattin (Esposa del recaudador de impuestos delegado).
Martha M., 3, Oberwachtmeisterskind (Hija del veterano sargento de policía).
Elizabeth H., 77, Hofrathstocheter (Hija del consejero de la corte).
Quizás el descarrío de los europeos continentales suscite en nosotros una sonrisa. Pero consultemos el Almanach de Whitaker de hace apenas diez años. Incluye un extenso capítulo sobre las “Fórmulas de encabezamiento”. Allí nos enteramos de que el título de los arzobispos es: “El Muy Reverendo, Su Gracia el Lord Arzobispo de…”, y que es preciso dirigirse a ellos con la fórmula “Milord arzobispo” o “Vuestra Gracia”. Los arzobispos y cardenales de la Iglesia Católica Romana tienen también gran variedad de títulos y de fórmulas, que van de “Su Eminencia el Cardenal…” o “Su Eminencia el cardenal arzobispo de…” a “El muy reverendo arzobispo de…” Los obispos son “Virtuosos reverendos…” Una baronesa es simplemente “La baronesa”, pero al dirigirse a ella es necesario utilizar la fórmula “Milady”. He aquí una lista parcial de otros títulos y fórmulas:
Baronets- Sir (con el nombre de pila), y por escrito “Sir Robert A… Bt.”
Esposas de los baronets- “Vuestra señoría” o “Lady A…” sin nombre de pila, A MENOS que se trate de la hija de un duque, de un marqués, o de un conde, en cuyo caso se dirá “Milady Mary A…” ; si se trata de la hija de un vizconde o de un barón “La Honorable Lady A…”
Barones- “El Justo y Honorable Lord… y recibirá el tratamiento de “Milord…” Sin embargo, el caso merece una importante nota al pie. Los miembros del Consejo Privado “de acuerdo con una costumbre largamente establecida” también tienen derecho a ser llamados “El Justo y Honorable”; pero un príncipe de la sangre incorporado al Consejo Privado es siempre “Su Alteza Real”, un duque sigue siendo “Su Gracia”… y así sucesivamente. El título de los pares de rango inferior al de marqués, sean o no consejeros privados, es el de “Justo y Honorable”, sin la palabra “El”, aunque de costumbre se agrega esta última partícula.
Obispos- Título: “El Justo y Reverendo Lord Obispo de…” , pero la fórmula de tratamiento es “Milord”. Los obispos de la Iglesia Católica Romana reciben el tratamiento siguiente: “El Justo y Reverendo Obispo de…” Para ellos, nada de “milord”.
Rabino principal- “El muy reverendo…”
Condesas- Título: “La condesa de…” pero fórmula de tratamiento: “Milady”.
Y así continúa la lista, que incluye, entre otros rangos, jueces de los tribunales de condado, Dame Commanders y Dames Grand Cross, duquesas, duques, condes, caballeros de diversas categorías, marqueses, pares, consejeros privados, jueces municipales, duques reales, vizcondesas y vizcondes, sin olvidar a las esposas de los baronets y de los caballeros. A veces las diferencias entre los distintos tratamientos son un tanto engañosas, pero con buena memoria y sangre fría se consigue sobrevivir al tema.
¿Y en los democráticos Estados Unidos? Los títulos no son muchos; de todos modos, el Information Please Almanach llena con ellos nada menos que cuatro páginas… desde el presidente (que es “Honorable”) a un capellán del ejército o de la armada (que recibe el simple tratamiento de “capellán”).
Naturalmente, los títulos y las fórmulas de tratamiento son necesarios. Sólo cuando se convierten en ídolos y en materia prima de un snobismo insoportable se incorporan a la historia de la estupidez humana. Infortunadamente, ello ocurre con bastante frecuencia. Mientras escribo esto, me viene a la memoria un anuncio escrito a mano, desplegado en la vidriera de un café balcánico… un lugar muy sucio y de pésima reputación. Decía así:
AQUÍ TODO EL MUNDO ES HERR DOCTOR
¡Y no cabe duda de que el propietario había dado en la tecla!