Chapters (59)
- IMPRIMIR
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- INTRODUCCIÓN
- ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
- IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
- 1.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- 9.
- IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- 7.
- 8.
- VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- IXLOCURA ERÓTICA1.
- 2.
- 3.
- 4.
- 5.
- 6.
- XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
- 2.
- 3.
- FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN
¿Dónde encontró Henri Christophe, ex esclavo y ex cocinero, tantos dignatarios y funcionarios?
El Almanaque de la Corte nos informa que Su Majestad estableció una nobleza hereditaria. Para empezar creó once duques, veinte vizcondes, treinta y nueve barones y once caballeros.
El Almanaque, que trae abundante información, detalla el ceremonial de la corte. Sus Majestades recibían todos los jueves. El rey y la reina se sentaban en sillones; los otros lo hacían con arreglo al rango de cada uno, exactamente como en la corte francesa antes de la Revolución. Las princesas de la sangre ocupaban sillas de respaldo alto, pero las otras damas debían contentarse con taburetes… es decir, asientos de escasa altura y sin respaldo.
Se prohibía a los invitados saludarse entre sí en presencia de Sus Majestades. También estaba prohibido dirigirse a Sus Majestades sin previo permiso del Maestro de Ceremonias.
Y así por el estilo. Hasta el 8 de octubre de 1820, en que estalló una revuelta militar. El rey Henri vio conmoverse y vacilar su trono, y se pegó un tiro.
La familia real negra, la corte negra, los pares negros… todo se sumergió en el olvido, sin dejar rastros.
Sin embargo, menos de treinta años después resurgió en Haití la gloria de la corona. Pero esta vez no fue una simple corona real, sino imperial.
Faustin Elie Soulouque fue general y político. A la edad de sesenta y dos años fue elegido presidente; dos años después, en 1849, se proclamó emperador, con el nombre de Faustin I. La importante ceremonia tuvo lugar el 26 de agosto de 1849. Como no se disponía de una corona de oro se improvisó un artefacto de cartón dorado, que el presidente del Senado depositó solemnemente sobre la cabeza del nuevo emperador. Faustin I se sintió tan profundamente conmovido, que eligió palabras un tanto inapropiadas para iniciar sus funciones, pues exclamó: “¡Viva la libertad! ¡Viva la igualdad!”
Faustin I organizó su corte imperial sobre el molde de la que había tenido Henri I. Creó pares y altos dignatarios, fundó una orden de caballería. Entre los funcionarios de la corte había un Lord Gran Panadero, instituido a imitación del Grand Penatier francés. Se produjo cierta confusión, pues nadie atinaba a establecer las funciones reales de este caballero. Desconcertado, el hombre pidió audiencia al Emperador, pero éste resolvió muy graciosamente el problema: “C’est quelque chose de bon” (Es algo bueno).
El nombre de Lord Gran Panadero era conde de la Limonada. Lo cual parece un tanto extraño. Pero había otro llamado duque de la Mermelada. Y cuando se repasan los títulos de la nueva aristocracia, se descubren otros títulos sorprendentes:
Duque de las Mejillas Rojas (Duc de Dondon). Duque del Puesto Avanzado (Duc de l’Avancée). Conde del Río Torrencial (Comte d’Avalasse). Conde del Terrier Rojo (Comte du Terrier Rouge). Barón de la Jeringa (Baron de la Seringue). Barón Agujero Sucio (Baron de Sale-Trou). Conde Número Dos (Comte de Numero-Deux).
Qué había detrás de toda esta imbecilidad haitiana?
Cuando el emperador Faustin creaba un par, también daba al beneficiario cierta extensión de tierra plantaciones más o menos extensas confiscadas a sus antiguos propietarios. Era bien sabido que la nobleza de Francia, a la que tanto se imitaba, tomaba su nombre de las propiedades que ocupaba, por lo cual se consideró aconsejable que la nueva aristocracia negra se denominara según la propiedad de cada uno. Pero las plantaciones no tenían nombres tan atractivos o melodiosos como los antiguos castillos de la nobleza francesa; los viejos propietarios las habían bautizado con los nombres de los productos elaborados, o de acuerdo con la ubicación de la propiedad, o con cierta particular cualidad del suelo, etc. Así, la patente de nobleza del hombre que poseía limonares era el título de conde de la Limonada; el nuevo propietario de una fábrica de jaleas se enorgullecía de que lo llamaran duque de la Mermelada. Es muy posible que pocos de ellos comprendieran las particulares connotaciones de algunos de los nuevos títulos.
El 18 de abril de 1852 el emperador Faustin decidió coronarse, junto con su esposa, por segunda vez. En esta ocasión utilizaron una auténtica corona de oro, y la ceremonia se ajustó a los lineamientos generales de la coronación imperial de Napoleón. Al lector que desee representarse la escena, le bastará recordar el famoso cuadro de David, pero cambiando la pigmentación de los personajes, de modo que tendrá ante sí pares negros, mariscales mulatos, y damas de compañía de piel de ébano o cuarteronas.
Réstanos describir la Guardia Real. Eran los favoritos del emperador… y gastó una fortuna en ellos. Ordenó magníficos uniformes, que fueron encargados a Marsella. La firma comercial entregó magníficos uniformes; y como adorno complementario, cada uno de ellos llevaba una pequeña placa de metal.
Cierto día llegó a Haití un viajero francés, y asistió a una revista de los Guardias Reales. Las extrañas plaquitas de metal atrajeron su atención. Se acercó a uno de los guardias y examinó atentamente el objeto. Sobre la placa había una inscripción en letras muy pequeñas. No se trataba de un lema imperial, sino de una leyenda muy comercial y prosaica. Decía: “Sardines a l’huile. Barton et Cie. Lorient”.
¡El contratista marsellés no corría muchos riesgos! Sabía que ni los guardias reales ni el propio emperador habían aprendido a leer, y por lo tanto consideró, que no era peligroso adherir a los uniformes placas de metal recortadas de viejas latas de sardinas.
Desgraciadamente, la Guardia Real no se mostró digna de su magnífico uniforme. En 1859, cuando estalló la inevitable revolución, desertó desvergonzadamente y abandonó al emperador; de modo que Faustin I resolvió olvidarse de mermeladas, limonadas y demás miembros de la nobleza Con toda su familia huyó a Jamaica, y allí terminó su vida, en el exilio, siguiendo así hasta el fin a su modelo napoleónico.
Los extraños títulos, las ridículas pretensiones de los negros nos mueven a risa. Pero la raza blanca no tiene derecho a sentirse muy superior. He aquí una lista de títulos y jerarquías recogida de la prensa de los Estados Unidos:
Portero ayudante en ejercicio (del Senado de los Estados Unidos).
Presidente general de las Hijas de la Revolución Norteamericana. Editor Emérito Extranjero.
Gran Brujo Imperial.
Gran Dragón de Florida.
Caballero de la Camelia Blanca.
Kleagle de California.
Alguno de estos títulos, ¿es menos original que el de duque de las Mejillas Rojas o barón de la Jeringa? Sin duda, varios de ellos pertenecen a organizaciones muy especiales, como el Ku Klux Klan, pero su existencia demuestra que aún en los democráticos Estados Unidos la gente gusta de los títulos… sobre todo cuando son propios.